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  • Un millón de puntitos iluminados

    nov 18, 2014
    Durante todo el mes de diciembre, el gran predio del parque Sibley de Mankato brilla con un millón de luces rojas, verdes, azules y amarillas.
    Ackerman+Gruber

    Toma aproximadamente 30 minutos recorrer el paisaje de luces de colores que realizó el club Kiwanis de Mankato, en Minnesota… a menos que visite a Santa, ande en patines sobre hielo, se pare debajo de las luces que adornan el túnel, le proponga casamiento a su novia o se mezcle con los más de 130.000 visitantes que estas luces LED atraen cada año.

    El 2012 fue el primer año en que se le regaló a la comunidad este espectáculo navideño con luces de colores. Este evento se convirtió en todo un éxito.  Atrae a más de 100.000 espectadores que generan donaciones para organizaciones sin fines de lucro y permite recolectar alimentos no perecederos para los bancos de alimento.

    Un conjunto de coloridas luces atraviesa el gran predio del parque Sibley, cuelga de las cercas y adorna el establo de la granja de la familia. Los grupos sin fines de lucro decoran y ponen luces en sus propios árboles. Las luces intermitentes y sincronizadas se encienden al compás de la música en el área. Los visitantes caminan o pasean en vehículo para disfrutar del espectáculo.

    Este escenario de luces es un evento comunitario donde participan socios del Rotary y de Sertoma, grupos de iglesias, socios de Círculo K y de Aktion Club, una compañía de ballet y maestros… más de 1.000 miembros en total son necesarios para realizar el montaje, la dirección y la limpieza al finalizar el evento.

    Un voluntario siempre parece desaparecer antes de terminar el día. Desde fines de noviembre hasta la Nochebuena, Papá Noel saluda a los niños en su taller de juguetes de 9 por 12 metros todos los viernes, sábados y domingos por la noche. Pero, según lo indica la página web de Kiwanis Holiday Lights, debe visitar el parque el 23 de diciembre porque él y sus renos “vuelven a su casa en el Polo Norte” para prepararse para su famoso viaje de Noche Buena. — Jack Brockley
  • Todos a bordo en Navidad

    nov 18, 2014

    Singing, dancing and laughing, children with HIV enjoy a bus tour of Christmas lights, compliments of the Kiwanis Club of Puerta del Llano.
    Archivolatino

    Un autobús pintado con colores vibrantes, con globos azules y amarillos agitándose desde las ventanas, atraviesa las calles de Villavicencio, en Colombia. Dentro del autobús, los niños cantan, aplauden y se ríen. Su alegría es tan contagiosa que los padres, las enfermeras, los socios de Kiwanis y Papá Noel también se ponen a bailar en el pasillo del autobús.

    Es una fiesta de Navidad sobre ruedas. El destino: cualquier lugar decorado con luces de Navidad.

    Desde hace ya nueve diciembres, el club Kiwanis de Puerta del Llano lleva a niños en un recorrido para ver las luces navideñas de la ciudad. El año pasado, el club invitó a los clientes de una fundación que presta servicios a niños con VIH.

    “Había 40 niños, de entre 2 y 17 años de edad”, cuenta Inés Salazar de Baquero, la presidenta del club para el período 2013-2014. “Algunos de estos niños fueron abandonados cuando sus familiares se enteraron de que eran portadores del virus. Estos niños viven en el hogar de la fundación”.

    El club se preparó para el recorrido donando y recolectando comida (jugos, yogures, pasteles, chupetines), regalos (pelotas de fútbol, carteras, juegos de mesa, relojes, mochilas) y sombreros de Santa: rojos para los niños y azules para los adultos. Los socios también trazaron una ruta con paradas específicas para brindarles atención médica.

    “Estos niños deben seguir estrictos horarios para tomar su medicina”, explica Salazar.

    Luego se detuvieron en el Parque Central, donde una máquina de nieve arrojaba copos al aire, para simular así un paisaje nevado, con un muñeco de nieve en una noche de casi 16 ⁰C.

    “Nunca vi algo así”, grita emocionado un niño. Cuando el autobús recorre un barrio residencial, un niño exclama: “Quiero vivir en esa casa”.

    Un niño de 8 años se baja a pisar la nieve. Una discapacidad física le hace girar las rodillas hacia afuera y lo obliga a caminar de esa forma. “Mira lo que me trajo Jesusito", grita otro mientras alza la pelota de fútbol al aire, como si fuera un trofeo de la Copa Mundial.

    “¿Cuándo volveremos hacer esto de nuevo?”.

    “¿Tenemos que esperar hasta la próxima Navidad?”. — Jack Brockley
  • Cantando con el estómago lleno

    nov 18, 2014
    Brisbane Kiwanis club members feed carolers at their community's holiday caroling in the park.

    Es una escena de Navidad que vemos con frecuencia: grupos de personas que cantan villancicos de casa en casa y reciben de recompensa galletas dulces, sidra o algún otro tipo de refrigerio. Sin embargo, en los suburbios de Brisbane, Queensland (Australia), el escenario es un poco diferente. Gracias al club Kiwanis de Brisbane, alrededor de 3.000 personas cantan villancicos en torno a un pesebre viviente, mientras comen.

    Con base en el suburbio Centenary, el cual está compuesto por siete suburbios al noroeste del área de Brisbane, el club Kiwanis apoya a la comunidad organizando varios proyectos y eventos para recaudar fondos, comenta el socio Patrick McKinney. Sin embargo, durante los últimos tres años, lo más memorable ha sido la entrega de alimentos a la multitud que se reúne en el evento anual de villancicos navideños del Centenary.

    La sucursal Centenary del Salvation Army (Organización de caridad) organiza el festival de canto gratuito para niños y sus familias.

    “Nos juntamos para celebrar la Navidad con villancicos, un pesebre viviente y fuegos artificiales al final de la noche", cuenta McKinney. “El pesebre viviente es el preferido entre los chicos porque hay camellos, ovejas y burros de verdad. Y a pesar de que los canguros no son parte de la obra, algunos viven cerca del evento y aparecen".

    Por supuesto que lo más aclamado en la celebración es la comida.

    “Nos matamos trabajando”, reflexiona McKinney. “Pero, dicho de una mejor manera, damos comida y bebida a miles de personas que vienen a escuchar los villancicos. La comida es simple: salchichas asadas y cebollas cocinadas en el lugar, acompañadas con bebidas (no alcohólicas)".

    “Todos los socios del club trabajan en la preparación del evento. Montamos todo por la mañana temprano y a la tardecita recogemos y limpiamos hasta bien entrada la noche”, añade McKinney. 

    “Cobramos una tarifa mínima por la comida”, dice McKinney, "pero todos las ganancias se donan nuevamente al Salvation Army para colaborar con el gran trabajo que ellos hacen ayudando a las personas necesitadas de la comunidad”.

    McKinney cree, sin embargo, que el club también se beneficia.

    "Es una increíble oportunidad para apoyar a nuestra comunidad”, explica. “Hace que las personas conozcan mejor el trabajo de Kiwanis y fortalece nuestra imagen en la comunidad, especialmente con la cobertura que realizan los medios de comunicación locales sobre Kiwanis. Y, desde el punto de vista pragmático, gracias a nuestra participación, incorporamos dos nuevos socios este año”.

    “Pero, como socio del club Kiwanis, tengo que decir que lo más reconfortante es ver las caritas de los niños sentados en el césped con sus familias bajo las estrellas y cantando villancicos. Sus grandes ojos llenos de asombro y de alegría por lo que están viviendo y por sus expectativas por la llegada de la Navidad". — Dick Isenhour
  • Visión clara

    oct 24, 2014

    Los Kiwanis de Winthrop, Washington realizan los exámenes de visión y audición de los estudiantes.

    La enfermera de la escuela Methow Valley del distrito de Washington, Laura Brumfield monitorea las necesidades de salud de más de 600 estudiantes. Ella pasa sus días tratando narices tapadas, dolores de panza, rasguños, salpullidos y síntomas similares. La mantienen muy ocupada. Pero pocos días son tan atareados como los días dedicados a los exámenes visuales y auditivos que se realizan a más de 350 estudiantes del nivel elemental. En esos días, ella necesita ayuda. Es allí cuando llama a los miembros del Club Kiwanis de Winthrop.

    Kiwanis volunteers assist children at their school's annual eye screening.“Este es uno de los proyectos favoritos del club”, dice el Kiwanis Roy Reiber. “A principios del año escolar, enviamos a 10 o 12 socios y a sus cónyuges para una revisión mañanera de ojos y oídos".

    Dos o tres voluntarios son asignados para ayudar al Doctor Robert Wilson a revisar la audición de los niños. Wilson es un médico militar jubilado que cuenta con su propio audiómetro. El club paga el costo de calibración del instrumento, y también compra los receptáculos descartables que se utilizan para realizar el examen de audición a cada niño.

    El resto del equipo se envía a una sala de la escuela para medir la visión de cada niño.

    “Realizamos anotaciones de los estudiantes que han presentado problemas visuales para que la enfermera Laura los reevalúe más tarde”, explica Reiber. “Una vez que finalizamos con la última clase en el área de examen, la enfermera Laura tendrá que volver a examinar a 8 o 12 estudiantes, en vez de a los 300 o más niños del distrito.

    Brumfield sabe que puede contar con el Club Kiwanis Winthrop, por ello, ocasionalmente realiza pedidos especiales al club como la compra de anteojos para los estudiantes cuyos padres no poseen los medios para hacerlo.
  • Las bicis de la libertad

    oct 24, 2014
    Un niño prueba su nueva bici decorada con borlas en el manubrio.

    Las bicis cautivan hasta a los más ardientes fanáticos de los automóviles. Y no hay que preocuparse por pisar el pedal a fondo. Esa primera vez sobre una maravilla de dos ruedas uno solo trata de probar la fuerza de su propio coraje. Una vez que logras manejarla, pedaleas sin parar y te adentras en un mundo de aventuras. Libertad en movimiento.

    Miles de niños en Calgary (Alberta) sienten esa libertad gracias a las personas que  gozan de poca libertad y poco espacio para moverse. Los presos de la correccional de Calgary apoyan al “Programa de Bicicletas y Buen Deportista” patrocinado por el Club Kiwanis de Calgary, Chinook. El mes de julio pasado una jovencita recibió la bicicleta  número 5.000 que el club entregó en estos 17 años.

    “Los niños adoran las bicicletas”, dice la Kiwanis Darlene Kerr, coordinadora del programa. “Recibimos muchísimas tarjetas de agradecimiento de los niños y sus familias. Los presos también disfrutan del programa. Ellos aprenden habilidades muy valiosas y se sienten bien por estar haciendo algo bueno para la comunidad".

    Las bicicletas son donadas o compradas en las ventas de garaje. Los presos las reparan, las limpian y las equipan con timbres, patas de apoyo, candados y reflectores. Luego cada bicicleta pasa por una inspección de seguridad. Los Kiwanis distribuyen las gemas refaccionadas a cerca de 35 agencias de la comunidad, quienes las entregan, conjuntamente con un casco, a los niños del área de Calgary.

    Y luego los niños se van andando a su próxima aventura. — Nicholas Drake
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