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  • Una tendencia textil en común

    mar. 27, 2017

    Johanna Taravaky le dirá que su máquina de coser Singer, con manivela y de color negra y dorada, realmente "canta”.


    Se colocaron unas mesas de madera en el patio del bar de la playa Mele Bay’s Beach Bar para acomodar a ocho personas, siete de Nueva Zelandia y una de los Estados Unidos. Cuatro mujeres se sientan en un extremo de la mesa. En el otro, tres hombres y una mujer. A diferencia de las personas que descansan bajo el sol, este grupo está reunido en el bar de Vanuatu para hablar de negocios. Los hombres son miembros del Rotario de Nueva Zelandia. Mientras visitaban Vanuatu, ellos escucharon sobre “Threads Across the Pacific" (Costureras del Pacífico), un proyecto de costura con vínculos Kiwanis provenientes de Nueva Zelandia, al igual que ellos. Uno de los hombres es periodista, y se encuentra aquí para entrevistar a Caroline Mason, socia Kiwanis de Nueva Zelandia encargada del programa de costura Threads Across the Pacific.  Mientras hablan del proyecto, las mujeres al otro extremo de la mesa se unen para compartir ideas y sugerencias. Es un proyecto increíble e importante. La charla comienza entre papitas y pizzas.

    “Si dicen 700 de ancho, debe ser 700 de ancho”.

    “Sí. Y así se hará. Y necesita un cordón ajustable".

    “Quizá Janet pueda hacer este trabajo. Sería increíble para ella”.

    “Estarciría su propio logotipo de hotel en cada bolsa, ¿correcto?”

    La conversación continúa, todas hablan rápido y al unísono. 

    “Sería una gran oportunidad para ella si logra conseguir este trabajo”.

    “Sí, lo sería”.

    Con vientos de hasta 280 kilómetros por hora, el ciclón tropical Pam fue uno de los peores desastres naturales que azotó las islas Vanuatu, en el sur del Pacífico. Caroline Mason presenció la devastación ocasionada por la tormenta del 2015 cuando entregó 750 mantas, todas hechas a mano por sus amigos de Nueva Zelandia. Pero también vio algo más: “Una mujer me llevó a su pequeña casa donde me mostró como el salitroso y lodoso río había arrasado con su casa y destrozado su máquina de coser de manivela”, recuerda Mason. “La imagen de esa máquina oxidada y enlodada quedó grabada en mi memoria hasta llegar a casa”. Ella comenzó a pensar: ¿Qué más podía hacer?

    Y resultó que pudo hacer mucho.

    Cuando Caroline se enteró que por más de 20 años los kiwanis de Nueva Zelandia habían estado enviando contenedores con suministros a Vanuatu - desde libros hasta muebles escolares - ella quiso formar parte de ese grupo. Ella se unió al club Kiwanis de Matamata, en Nueva Zelandia, en enero de 2016. Ahora las máquinas y las herramientas del proyecto de costura Threads Across the Pacific van embaladas en esos mismos contenedores con destino a Vanuatu, un viaje de aproximadamente 3220 km por el océano. 

    “Los socios Kiwanis de Nueva Zelandia han sido increíblemente generosos al brindar al proyecto Threads (Costureras) el lugar necesario en los contenedores”, dice Caroline.
    “Y el club Kiwanis de Port Vila (Vanuatu) también nos ha apoyado inmensamente. Ellos tramitan toda la papelería de la mercancía en el puerto y en la aduana, luego almacenan las máquinas y las cajas hasta que llegamos para realizar los talleres".
    Asimismo, reciben incontables horas de ayuda de sus amigos en Nueva Zelandia, quienes separan, apilan y empacan los suministros para el embarque a Vanuatu. Luego, una vez en Vanuatu, la comunidad de expatriados de Nueva Zelandia ayudan a desempacar, separar y apilar los suministros. Cada granito de arena es importante para que un proyecto de esta escala sea todo un éxito. 
     
    Caroline y algunas de sus amigas costureras, Kay Gray, Alison Leslie y Jeanne Brown saludan desde el escritorio de la escuela, ubicado dentro de un edificio nuevo en Mele Bay. Las mujeres están aquí para aprender a coser. Eso es lo que se puede ver cuando Alison pide que le presten atención por un momento.

    “Sé que están trabajando en las camisetas cuello tortuga, pero acérquense un momento para que hablemos sobre los shorts”, dice Alison. 

    De inmediato, las mujeres se reúnen para escuchar la tutoría. Alison coloca la plantilla de papel sobre sus caderas para demostrarles a las señoras cómo coser un par de pantalones cortos. Janet Kaltovei está en el grupo avanzado. Ella es la misma Janet de la cual estaban hablando los instructores Kiwi durante el almuerzo. Caroline y las demás instructoras designaron a Janet para que cumpla un papel importante.

    “El principal objetivo de los talleres es otorgarle a las mujeres y jovencitas estudiantes,  máquinas eléctricas de coser conjuntamente con los conocimientos de costurera, para que puedan coser ropa para ellas y sus familiares, o para vender las prendas en los pueblos o a los visitantes que llegan en cruceros a la isla”, recalca Caroline.

    “Asimismo, queremos identificar a las mujeres que puedan convertirse en maestras de costura para que enseñen a otras mujeres y jovencitas”.

     Mire cómo las estudiantes de Ni-Van exhiben sus obras textiles durante un espectáculo de moda en la playa.
    Mire cómo las estudiantes de Ni-Van exhiben sus obras textiles durante un espectáculo de moda en la playa. 

    Janet será una de esas mujeres.
     
    Johanna Taravaky quizá tenga la máquina de coser más adorable en la sala. Ella es la única mujer en el taller que tiene su máquina de coser de manivela Singer, de color negro y dorado y con un sonido distintivo. Johanna ríe y les pide a las otras que escuchen. Ella te dirá que canta. La de ella es una de las dos máquinas manuales proveniente de Nueva Zelandia. El resto de las máquinas son más nuevas y eléctricas. (Caroline dice que de ahora en adelante todas las máquinas serán nuevas para que las maestras no pierdan tiempo arreglándolas. También revela la sorpresa: cada una de las mujeres se llevará la máquina a su casa después de finalizado el taller.)

    Johanna es una excelente costurera. A pesar de que habla suave, ella no es tímida como las demás mujeres del grupo… de hecho, se ha convertido en la representante del grupo. 

    “Hablo en nombre de la mayoría de nosotras. Estamos muy felices”, dice ella. “Creo que es un programa muy bueno. Es la primera vez que vienen visitantes y nos dan talleres. Para las mamás locales y los pueblitos, somos muy afortunadas. Vamos a coser cosas para los turistas. Todas trabajamos juntas. Estoy muy orgullosa… soy muy afortunada”.

    Lina Willie y Susan Taravaki se sientan al lado y generalmente detienen lo que están haciendo para ayudar a las demás con un hilo que se quedó atascado o para verificar las medidas. 

    Ya es obvio que algunas mujeres son líderes y encuentran mucha satisfacción en ayudar a terminar una preciosa bolsa o vestido. Lina y Susan no dudan en dar sugerencias.

    “He estado cosiendo por mucho tiempo, pero mi trabajo anterior nunca fue tan bueno como el que aprendí aquí”, resalta Lina. “Estoy tan entusiasmada, quizás poder vender los artículos que cosa y ganar algo de dinero. Estoy contenta porque he aprendido mucho”.

    Susan está orgullosa de las piezas que cosió esta semana.

    “Me siento feliz”, destaca. “Cosí antes, pero solo una cosa: vestidos isleños. Ahora quizá cosa diferentes estilos de vestidos. Creo que es importante que las mujeres aprendan un oficio como este. Me independiza económicamente y me permite ayudar a mi familia. Quisiera agradecerte enormemente tu conocimiento, por compartirlo con nosotras.  “He sido bendecida”.

    Janet Kaltovei asistió por primera vez al taller de costura Threads Across the Pacific en el 2005. Ahora, su trabajo como maestra de costura será enseñar y guiar a las mujeres de Ni-Van.  Ella dirigirá los talleres y enseñará lo que ha aprendido sobre costura. Janet ha creado una ráfaga de emoción entre las señoras del taller. Un representante de un nuevo complejo hotelero se acercó a Janet para preguntarle si ella podía hacer una bolsa de lavandería de muestra para usarla en el hotel. Este pedido puede convertirse en un trabajo. Ganar dinero. En la sala del taller, el posible contrato de Janet es el tema de conversación entre las compañeras y las instructoras presentes. La llamada ocurrirá en cualquier momento. Ella sabrá si obtuvo o no el trabajo.

    “Janet es muy trabajadora”, dice Alison. “Ella participó de nuestro primer taller donde se convirtió en toda una aficionada de la costura. Ella cose hermoso. Ella quiere aprender sobre costura y diseños. No podemos producir suficientes diseños para ella, siempre quiere más y más”.

    Y el día pasa. Parece que todos en el pueblo están contentos con el taller de costura Threads Across the Pacific. Aún en el bar de la playa The Beach Bar, los saludos diarios están acompañados de preguntas. “¿Cómo están las señoritas y las mamás?” Se rumorea en la playa que habrá un espectáculo de moda al final del taller. Todos quieren saber el lugar y la hora.

    De vuelta en la clase, Janet controlando sus emociones, cose la tela. Pero las personas quieren saber: ¿La han llamado?

    “La buena noticia que recibí hoy es que obtuve el contrato”, dice ella con una gran sonrisa en su rostro.

    Ella se siente casi aliviada cuando le preguntan. “Estoy tan contenta de haber conseguido el contrato. Estoy tan agradecida de haber conocido a Alison hace un año. Ella me enseñó mucho. Y de nuevo, ella está hoy aquí. Ella me trajo proyectos y diseños con los que puedo trabajar y compartir con las demás señoritas. Y ahora que Caroline está reclutando otras maestras, yo seré quien las prepare. Estaré enseñando a otras mujeres en mi casa. Estoy tan contenta de poder ayudar”.

    En el fondo, Caroline chequea a las estudiantes. Ella les ofrece palabras de aliento.
    “Muy bien.  ¡Mira qué bonito! Mantén la costura derecha. Puntada simple. Comienza aquí.…”

    Fotos y artículo escrito por Kasey Jackson.


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  • Una manzana al día

    mar. 24, 2017

    Un nuevo programa de iPad calma a los niños antes de la cirugía.

    En estos días no es inusual ver a los niños con su mirada pegada a la pantalla de un iPad o de un teléfono inteligente. Los socios del club Kiwanis de Alabama  aprendieron que la tecnología es una gran distracción en los viajes de carretera, en los restaurantes y hasta en el hospital. Fue el socio Justin Fincher, del club Kiwanis Homewood-Mountain Brook, quien al tener un encuentro con un pequeño niño que gritaba atemorizado en el hospital Benjamin Russell, antes de una intervención quirúrgica dentro del programa Children’s of Alabama (un sistema de salud pediátrico), se le ocurrió lanzar un proyecto de iPad en el hospital para entretener  y distraer a los jóvenes pacientes que están por ingresar a cirugía.

    “Estoy en la sala de operaciones preparando todo para la cirugía, y noto a este pequeñito llorando en la camilla", cuenta Fincher, un ingeniero integrativo del servicio quirúrgico del Children´s of Alabama. “Las personas trataban de calmarlo, trataban de distraerlo para que no sintiera que lo estaban separando de su mamá y papá. Finalmente, una enfermera encuentra un iPhone, y de inmediato se calma. Entonces pienso… "¿Por qué no podemos hacer esto?” Tenemos pantallas de 55 pulgadas para los cirujanos.  ¿Por qué no podemos pasar caricaturas animadas en esas pantallas mientras estamos esperando?”

    Sin embargo, en vez de pasar caricaturas animadas en los monitores de la sala de espera, el hospital descargó en las iPads juegos y películas, que los pacientes pueden disfrutar hasta que quedan dormidos en la camilla de operaciones. Fincher recuerda una vez en que el personal tuvo dificultadas en preparar a un paciente con autismo para la cirugía.

    “Estaban tratando de colocarle el suero, pero él se mantenía escondido debajo de las sábanas”, recuenta Fincher. “Me acerqué con un iPad, y sus brazos inmediatamente reaparecieron a la superficie".

    El iPad lo calmó y lo distrajo lo suficiente para que las enfermeras lo pudieran alistar para la cirugía, sin que el niño se resistiera. “Nuestro objetivo es reducir el número de niños a los que tenemos que darles medicina para que se calmen", dice Fincher “Y sé que hemos reducido la cifra con este programa".

    Cuando los socios del club Kiwanis Homewood-Mountain Brook se enteraron de este programa y su popularidad, ellos quisieron ayudar de inmediato.  La donación de USD15.740 realizada por el club ha permitido que el programa se extienda con 10 iPads adicionales para el Hospital Children’s South y 10 en las salas de operaciones del edificio Lowder.

    La decisión no fue difícil, dice el presidente del club Jamie Brabston. 

    “No requirió pensarlo dos veces. Nos encantó la idea”.

    Historia escrita por Kimiko Martinez

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  • Fiesta Noche del Río

    feb. 20, 2017

    Colors swirl during a performance at the Fiesta Noche del Rio along San Antonio’s River Walk.
    En la costanera del rio San Antonio, los colores giran en círculo alegrando el espectáculo de la Fiesta Noche del Rio.

    El verano de San Antonio se aferra a Aaron Ríos mientras se abotona su impecable camisa blanca, detrás del escenario del teatro Arneson River. Pero él no se queja. Por cinco años consecutivos, el líder de los mariachis ha renunciado a sus fines de semana, durante su temporada más activa del año, para estar presente aquí en el San Antonio River Walk y formar parte del espectáculo organizado por Kiwanis: La Fiesta Noche del Río. 

    Los músicos de Fiesta Noche dan a los miembros de la audiencia un tour cultural por Argentina, el Caribe, España y Tejas.
    Los músicos de Fiesta Noche dan a los miembros de la audiencia un tour cultural por Argentina, el Caribe, España y Tejas. 
    Como músico, le apasiona ofrecer a las personas una experiencia musical mágica y cautivadora que es el fin que persigue este espectáculo. Pero también se trata de retribuir a la comunidad. Y es por esta razón que él está aquí, sudando en el caluroso verano y listo para subir al escenario. 

    “Fue una de esas cosas que pasan por alguna razón”, dice Ríos. “Era hora de demostrar mi agradecimiento".

    En el 2009, el hijo de Ríos nació prematuro. El bebé pasó dos meses en el hospital antes de poder ir a su hogar. Durante ese tiempo, varias organizaciones infantiles locales vinieron a ayudar a la familia Ríos.

    “Fue muy conmovedor ver a estas personas desconocidas ofrecer su ayuda sin hacernos preguntas o sin verificar si calificábamos para recibir ayuda o no”, cuenta Ríos. “Todos los días tenía representantes de estas organizaciones que nos llamaban o nos venían a visitar para ver si estábamos bien y para ver cómo nos podían ayudar. Entonces cuando averigüé de qué se trataba el espectáculo, no dude ni un minuto en participar del mismo".

    Desde 1957, el club Kiwanis Alamo Kiwanis Club Charities Inc. ha realizado el evento Fiesta Noche del Rio y ha recaudado más de USD 2,75 millones que se han destinado a entidades locales infantiles, como la que ayudó a Rios y a su esposa. Los socios del club Kiwanis de San Antonio han apoyado esta iniciativa contactando a los patrocinadores, vendiendo las entradas y trabajando en el espectáculo. 

     Los músicos de Fiesta Noche dan a los miembros de la audiencia un tour cultural por Argentina, el Caribe, España y Tejas.
    El espectáculo fue originalmente creado para atraer a visitantes al River Walk donde se presentaba la legendaria Rosita Fernández: “La Reina de las Canciones de San Antonio”.  Durante los 60 años del evento, se han presentado espectáculos tradicionales y folclóricos, Tejanos y uno al estilo Las Vegas, con la participación del coreógrafo Felipe de la Rosa, conocido por realizar la coreografía del Charo.  

    “Le damos un tour a nuestros invitados”, dice Elizabeth "Lisa” Sánchez-López, quien ha estado participando en la organización de la fiesta por 25 años. Ella comenzó como bailarina, luego fue coreógrafa y cantante y eventualmente se convirtió en la directora de espectáculo en 1995. 

    Desde el comienzo hasta el fin, el escenario Arneson se llena de coloridos disfraces y vestidos y de la puesta en escena de artistas profesionales que brindan una magnífica mezcla de tradiciones culturales representativas de la región… y mucho más: flamenco, tango, salsa, ritmos caribeños y hasta música country y western llenaron el pesado aire de la noche tejana, mientras los barcos pasean por el River Walk y la audiencia se deslumbraba con el espectáculo. 

    “Vale cada centavo que sale la entrada de USD20", dice Sánchez-López. “Algunos miembros de la audiencia de Nueva York nos dicen que este espectáculo es tan bueno como una obra de Broadway”.

    Sin embargo, los artistas no reciben la misma paga que los de Broadway. Y es un gran compromiso ser parte del espectáculo. Los espectáculos son todos los viernes y sábados por la noche, de mayo a agosto. Las audiciones se realizan en diciembre y los ensayos a principios de enero. Y a pesar de todo esto, los cantantes y músicos como Ríos regresan año tras año.

    Rios y su banda podrían estar ganando cuatro veces más de lo que ganan en el evento la Fiesta; sin embargo, ellos siguen aquí después de cinco años sin planes de ir a ningún otro lado. 

    “Si no existiera una causa valiosa para este evento no creo que habría el mismo nivel de compromiso”, dice Sánchez-López. “Aquí ellos quieren ver el éxito del evento porque existe una causa que los motiva”.

    La causa se vuelve muy real para los miembros de reparto cuando visitan a las organizaciones que se benefician del evento: Fiesta Noche del Rio y ven a los niños cuyas vidas han cambiado.

     Los músicos de Fiesta Noche dan a los miembros de la audiencia un tour cultural por Argentina, el Caribe, España y Tejas.
    “Los artistas pueden llegar a actuar como divas, pero cuando llegan a este lugar, dejan toda esa actitud  atrás”, dice Sánchez-López. “Realmente nos esmeramos en realizar un gran espectáculo para poder recaudar la mayor cantidad de dinero posible”.

    La noche es oscura, pero el estado de ánimo está vivo en la audiencia que aprenden a bailar salsa y el Cotton-Eyed Joe antes de que todo el reparto de Fiesta Noche del Rio se una a los mariachis, dirigidos por Rios, para el cierre final de la Fiesta de San Antonio.

    “Actuar en el espectáculo es algo irreal y mágico", dice Rios. “Dejamos una sonrisa en el rostro de los invitados, y de eso se trata este espectáculo”.

    De eso… y de asegurarse de que otras familias locales reciban el apoyo y las oportunidades que tuvieron su familia; asegurarse de que los niños de San Antonio tengan un motivo por el cual sonreír. 

    Historia escrita por Kimiko Martínez. Fotos de Carlos Javier Sánchez

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  • La esperanza también flota

    feb. 20, 2017

    OliviaRose

    OliviaRose está gritando. Su mamá y su abuela la sujetan para que se quede acostada, pero la lucha es real. OliviaRose no quiere saber nada con esto. Y cualquier persona en su sano juicio no la culparía. Hay un extraño a su lado girando una sierra manual... listo para usarla. La enciende… ella grita aún más fuerte. Su mamá le entrega un peluche pequeño. OliviaRose, una fuerte pequeña de 19 meses, lo tira al suelo.

    Los adultos alrededor de OliviaRose sonríen y charlan… esto no es tan horroroso como parece. De hecho, es una escena totalmente normal en el Instituto Kiwanis de traumatología pediátrica, en el hospital infantil Floating Hospital del Centro Médico Tufts, en el centro de Boston (Massachusetts).  

    El extraño está a punto de removerle el yeso a OliviaRose, y esto suena mucho más fuerte y temeroso de lo que ella está dispuesta a aceptar.  Pero 10 minutos más tarde, OliviaRose se ha calmado y está parada nuevamente, sin su yeso rosa brillante que unos minutos antes cubría sus caderas y muslos.

    OliviaRose llegó al hospital infantil Floating Hospital luego de haber sido arrollada por un carro en la entrada de su garaje. Ella pasó tres días en el hospital con el fémur quebrado y recibiendo el cuidado especial que le brindaba el personal del Instituto Kiwanis de Traumatología Pediátrica  y el hospital infantil Floating Hospital. 

    KPTI fue fundado en 1981 como una asociación entre el Distrito New England de Kiwanis y el hospital infantil Floating Hospital en el Centro Médico Tufts. En el departamento de urgencia pediátrica del hospital, los niños como OliviaRose reciben atención de primera calidad. El Colegio Americano de Médicos califica al instituto como el Centro Pediátrico de Traumatología, Nivel 1. Y es increíble cómo se necesita un lugar como este: Las lesiones traumatológicas son la primera causa de muerte o discapacidad en los niños, mucho más que todas las demás enfermedades combinadas.

    La abuela de OliviaRose, Lisa Torigian, habla maravillas sobre la atención médica que recibió su nieta en el hospital. 

    “Es impresionante la ayuda que todos nos han brindado”, dice Torigian.  “Necesitábamos un asientito especial para auto después del accidente, y la trabajadora social del hospital y KPTI nos dieron un cupón para que pudiéramos obtener uno gratis.  Las enfermeras nos dieron un cuarto y varios cupones para almorzar”.

    ATENCIÓN MÉDICA KIWANIS

    Anne Keliher y Leslie Rideout
    Anne Keliher y Leslie Rideout

    Leslie Rideout es solo una de las personas que cuidó extraordinariamente a OliviaRose durante su estadía en el hospital infantil Floating Hospital. Rideout, enfermera supervisora del área de traumatología pediátrica del KPTI, es una mujer bastante ocupada. En su rol, ella está a cargo de varias tareas: coordinar la atención a los familiares, informar a la familia sobre los posibles traumatismos, tomar nota durante las consultas entre el médico y el paciente, visitar a las familias, asegurarse de que los pacientes reciban el asiento especial para auto correspondiente, distribuir cascos para andar en bicicleta y brindar además información sobre seguridad. 

    Rideout disfruta mucho su trabajo, ella ha estado aquí por 15 años, y se enorgullece al relatar historias de cuando el hospital era literalmente un hospital flotante.

    “Solo navegaban durante los meses de verano”, dice Rideout. “Los pacientes y las familias podían subirse al barco. Muchos creían que el aire de mar era bueno para curar cualquier enfermedad”.

    El hospital flotante de Boston original (Floating Hospital)
     El hospital flotante de Boston original (Floating Hospital)

    El Floating Hospital fue fundado en 1894 como un barco hospital que navegaba por el puerto de Boston, atendiendo a más de 1.000 niños por año. La asociación con Kiwanis también se inició en el agua, como dice la historia. El socio Kiwanis y ex presidente de la Fundación de Kiwanis de New England, Harold "Hap” Gerrish, un dentista oriundo de Maine, se encontraba en el barco con otros socios Kiwanis cuando la charla los llevó a preguntarse qué podían hacer ellos para ayudar a los pacientes pediátricos. 

    “No se estaba haciendo ningún tipo de investigación en el área de traumatología pediátrica, y ellos estaban especialmente interesados en ese tipo de investigación", cuenta Rideout. “Estos hombres kiwanis visitaron unos cuantos hospitales en Boston y fueron rechazados.  Eventualmente llegaron a Tufts, quien los aceptó. Ellos han sido nuestros socios por más de 35 años”.

    Kiwanis ha contribuido con el programa al subvencionarlo con millones de dólares, dice Rideout. Asimismo, ha brindado voluntarios al hospital para que distribuyan información sobre seguridad y traumatismos.

    “No podríamos estar aquí sin Kiwanis”, resalta Rideout. “Y los jóvenes son asombrosos. Los chicos de Circle K y el Key Club han recaudado mucho dinero. Cuando los evaluadores vienen a evaluarnos (para el área de traumatología, nivel 1), siempre nos dicen que nuestra mayor fortaleza se basa en la colaboración con Kiwanis, porque este tipo de asociación realmente funciona y es maravillosa”. 

    “NOSOTROS SOMOS LOS KIWANIS"

    John Maihos 
    John Maihos

    Cuando hablamos del dinero que ingresa al programa KPTI, John Maihos es un experto en el área. Él es el ex presidente de la Fundación de Kiwanis de New England, un cargo que ha ejercido por los últimos tres años. El conoce todo sobre los innumerables rodeos de bicicleta en el Distrito New England. El conoce las consecuencias del traumatismo infantil y tiene sugerencias de seguridad y estadísticas para respaldar sus conocimientos. Por supuesto, él está consciente de lo importante que es el trabajo de Kiwanis. 

    “El programa KPTI es un programa que llega a la comunidad dando a conocer nuestro nombre”, dice él.  “Si alguien dice: ‘¿Has escuchado sobre Kiwanis?’ Hay un punto más, el programa KPTI, que pueden relacionar con Kiwanis. Creo que es importante darse a conocer. Pero mucho más importante es que realmente estamos marcando un gran impacto en la vida de los niños”. 

    “Es horrible escuchar que un niño se lastimó. De hemos tenido historias que nos han tocado muy de cerca. El hijo de un socio Kiwanis de Danvers, Massachusetts, se accidentó en una feria local.  De repente, cuando llegó la asistencia para el niño, el padre en ese momento se dio cuenta que se estaba subiendo a un helicóptero con los paramédicos, para dirigirse al centro médico donde funciona el programa KPTI. Su hijo y él venían directo a “nuestro” centro de traumatología.  De repente se dio cuenta… “Oh… Nos llevan a este programa que fundamos. Somos parte de esto.” 

    “Tenemos un rol tan importante. No actuamos como médicos. Nosotros somos los Kiwnais. Apoyamos al programa comunitario. Tenemos una afinidad con el mismo. De alguna manera lo sentimos nuestro. Fue un momento muy emotivo para él, y de hecho cuando cuenta la historia, se convierte en un momento emotivo para todos los kiwanis en la sala, porque todos reconocen que el programa que ayudamos a iniciar, posiblemente ayude a salvar la vida de un niño.

    “Esto sucede todo el tiempo con niños que no conocemos pero estamos marcando una diferencia en la vida de ellos. Esta es la parte más importante de lo que hacemos”.

    Fotos y artículo escrito por Kasey Jackson.


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  • La mejor semana del año

    ene. 24, 2017

    La discapacidad física de los niños del Kamp Casey no impide que se diviertan.
    La discapacidad física de los niños del Ka
    mp Casey no impide que se diviertan.

    La cuenta regresiva comienza inmediatamente después del cierre de los cuarteles en agosto. Los entusiasmados campistas esperan con ansia los siete días de diversión que tendrán el próximo año, en el campamento de verano Kiwanis Camp Casey, en Whidbey Island (Washington).

    Camp Casey es el lugar donde niños, entre seis y diecisiete años y con discapacidad física, disfrutan de una experiencia inolvidable. Un total de USD 45.000 es necesario para administrar el campamento de verano. Este costo es subsidiado en su totalidad por el club Kiwanis de North Central Seattle y otros patrocinadores locales.  El apoyo de estas entidades permite que 100 niños puedan asistir anualmente al campamento.

    Cada verano, durante los últimos 85 años, el campamento de verano ha proporcionado actividades interactivas y seguras para los niños con espina bífida, amputaciones, parálisis cerebral y distrofia muscular. Se los trata como personas y no son caracterizados por sus limitaciones físicas. Todos los niños tienen la oportunidad de montar a caballo, participar en espectáculos de talento, carreras de kartings y bailes formales.

    Barbara Williams, la directora del campamento, sabe lo importante y valioso que estas experiencias tienen en los campistas. 

    “Ellos están con otros niños que tienen discapacidades similares y ven su independencia”, dice Williams. “Hay un vínculo único entre el consejero y los campistas”.

    El servicio de voluntariado de William comenzó cuando ella era una adolescente. Ella reconoce el increíble valor del campamento en la comunidad.

    “El servicio, la diversión y la amistad”, resalta Williams. “De eso se trata realmente la vida”.

    Historia escrita pro Lydia Johnson
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