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  • Panamá y Japón cooperan para la reconstrucción de una escuela

    jul 10, 2014
    Children wave Panama and Japan flags in celebration of their new school.

    Barro, cañas y adobe no tienen comparación con bloques de hormigón en una comunidad montañosa azotada por el viento como lo es Piedra de Amolar. Situada en la provincia de Veraguas, en una región remota de Panamá, el pueblo rural planteó recientemente la necesidad de construir nuevos salones de clase para la escuela primaria del lugar.

    "Las condiciones de la escuela primaria eran absolutamente inadecuadas para el aprendizaje”, explica Alfredo Luciana, presidente del club Kiwanis del área metropolitana de la ciudad de Panamá. “Tres de los salones de clase fueron construidos con bloques de hormigón, pero los otros cuatro se levantaron con barro, caña y adobe, y estaban muy deteriorados por el viento. Estudiantes, padres y profesores deseaban desde hacía mucho tiempo que se hicieran de nuevo con bloques de hormigón”.

    Los socios de Kiwanis sabían que, en vista de que Piedra de Amolar ya recibía asistencia social, médica y educativa anual, los fondos para nuevos salones de clase no vendrían del limitado presupuesto nacional para educación. Recordando el estrecho vínculo que existía entre el país y Japón desde 1904 cuando Panamá obtuvo su independencia, un socio sugirió solicitar una subvención del fondo establecido por Japón en apoyo de la región.

    “Actuamos rápido”, dice Alfredo. “Nombramos equipos de trabajo en nuestro club para manejar los aspectos legales, técnicos y administrativos del proyecto con la embajada de Japón y el contratista constructor. Seleccionamos un contratista con experiencia previa en el tipo de construcción de escuelas rurales en áreas remotas y de difícil acceso”.

    Los socios de Kiwanis pudieron conseguir más de USD 120.000 para llevar a cabo este proyecto, que incluía un certificado de auditoría de una firma independiente. Más de 600 estudiantes, de entre 5 y 12 años de edad, se beneficiaron de la construcción de nuevos salones hechos de bloques de hormigón.

    Una vez terminados los salones de clase, representantes del Ministerio de Educación de Panamá y la embajada de Japón se unieron a los estudiantes y a sus padres para celebrar la ocasión.

    “Todos estaban felices y agradecidos de ver que por fin sus deseos se hacían realidad”, dice Alfredo. “El pleno de la comunidad se unió para celebrar la conclusión exitosa de un deseo tan anhelado”.  — Nicholas Drake


  • Las linternas se remontan al cielo nocturno

    jul 10, 2014
    Luego de la verificación previa al vuelo, el explorador se prepara para lanzar su linterna.

    Las instrucciones para encender y lanzar linternas al cielo especifican que el viento debe estar por debajo de las 5 mph (8 kph). La noche en que los habitantes de Owosso (Michigan) tenían planes para lanzar las linternas del Key Club, los vientos soplaban muy fuerte. Los estudiantes tuvieron que posponer el lanzamiento hasta la noche siguiente, sin embargo esto no opacó el entusiasmo de la comunidad.

    En una calma noche dominical, más de 300 personas se reunieron en el aeropuerto de Owosso para soltar las 288 linternas celestiales que los socios del Club Key de la secundaria de Owosso habían vendido para recaudar fondos a favor del Proyecto Guerrero Herido.

    “El cielo se veía color azul de media noche”, afirmó Jayne Brown, asesora para la facultad del club. “Todas las linternas iluminadas flotando en el cielo se veían realmente muy bonitas”.

    Este fue el segundo año durante el cual el Key Club utilizó las linternas celestiales como el proyecto principal de toda la comunidad, señaló Brown. En 2013, el club vendió 212 linternas celestiales a USD 5 cada una y recibió algunos generosos donativos netos de USD 950 para el Proyecto Guerrero Herido, el cual ayuda a los veteranos de los Estados Unidos a recuperarse de sus heridas.

    “Los niños se divirtieron tanto que decidimos no solo repetirlo este año sino hacerlo más grande”, afirmó Brown.

    La idea fue de David Shepard, asesor del Key Club, explicó Brown. Shepard admite que las linternas celestiales siempre lo intrigaron porque se ven muy bellas cuando flotan y se alejan en el espacio, iluminando el cielo en la noche.

    El Key Club vendió boletos para linternas en la escuela a amigos, estudiantes y maestros.  Para aumentar las ventas, los socios acudieron a organizaciones de veteranos que ayudaron a vender boletos. El personal del aeropuerto también colaboró con la venta.

    En la noche del lanzamiento postergado, los que tenían boletos llegaron al aeropuerto donde socios del Club Key dirigieron el tránsito y estacionaron autos. Luego, las personas con boletos fueron a la terminal del aeropuerto para recibir sus linternas celestiales y las instrucciones que los socios del Key Club habían imprimido por adelantado.

    A las 21 horas, por un altavoz se anunció: “Enciendan sus linternas”. Los socios del Key Club se encontraban en la multitud para ayudar a encender las linternas y lanzarlas al cielo de la noche.

    “Recaudamos USD 1.650 para el Proyecto Guerrero Herido”, cuenta Shepard. “Quedamos verdaderamente satisfechos. Este es un evento divertido tanto para adultos como para niños, pues ver el lanzamiento y soltar una linterna es algo nunca visto por muchos en la comunidad… y ante un lanzamiento de esta magnitud, quedan asombrados”.

    El club ya está planeando el lanzamiento de linternas celestiales el año entrante y fijando una meta más alta para vender más linternas y recaudar muchos más fondos.

    Como esperanza que la tenue briza vespertina eleva, las linternas celestiales iluminadas flotaron suavemente dejándose arrastrar a alturas más elevadas. — Tamara Stevens
  • K-Kids comparte sus conocimientos de computación

    jul 10, 2014
    En las Filipinas, los conocimientos de computación se transfieren de un niño de K-Kid a otro estudiante.

    En las Filipinas, un nuevo club K-Kids no perdió tiempo en dejar su impronta de servicio digital. El club K-Kids de la escuela primaria de Mayamot, en la ciudad de Antipolo, enseñó técnicas de computación a compañeros de clase, amigos y familiares, con alguna ayuda del club padrino de Antipolo occidental.

    Formar el club K-Kids y ver el lanzamiento de su primer proyecto de servicio fueron los siguientes pasos lógicos en la antigua relación establecida entre el club Kiwanis y la escuela, de acuerdo con el presidente, Wilfredo Pertubal.

    “Durante los últimos 26 años, inspiramos a jóvenes graduados con nuestras medallas de Excelencia de Liderazgo que se otorgan en cada ceremonia de graduación”, explica Pertubal. “Apadrinamos a al menos cinco estudiantes para este evento en particular”.

    Y el año lectivo pasado, el club inició un programa piloto de capacitación práctica de computación para estudiantes de tercer grado.

    “Vimos esto como una necesidad pues en las escuelas no imparten clases de computación,  particularmente en las escuelas públicas de Filipinas”, dice Pertubal.  “Muchos de estos estudiantes provienen de familias que carecen de recursos para obtener computadoras o instrucciones privadas.  Esto deja a los niños en desventaja, impidiendo que muchos de ellos ingresen a la escuela secundaria”.

    Trabajando con la fundación One Laptop Per Child, los socios de Kiwanis suministraron Computadoras XO al tercer grado de la escuela, las cuales han sido diseñadas para estudiantes de países en vía de desarrollo. Con instrucciones de Kiwanis sobre el sistema operativo XO, no hubo demora para que cada uno de los estudiantes dominara la máquina.

    Impresionado con la rapidez con la que los niños asimilan lo que se les enseña, el club Kiwanis empezó a explorar opciones para expandir el programa al resto de la escuela.  Su búsqueda terminó con la entrega de la carta constitutiva del club K-Kids y la creación del Día Compartiendo mis Conocimientos de Computación con un amigo.

    “Como ellos fueron capacitados antes que sus compañeros, los socios del club K-Kids iniciaron esta actividad como su primer proyecto durante el receso de verano”, dice Pertubal.

    Para los niños fue un día que siempre recordarán.

    “Invité a Regine, mi hermana menor, porque quería ayudarla a que aprendiera computación y quería ver por mí mismo si era capaz de compartir lo que yo había aprendido”, cuenta Raven Eve, tesorero de K-Kids. “La próxima vez, invitaré a mis mejores amigos y probablemente algunos de mis  compañeros de clase para enseñarles algunos juegos y música”.

    Los niños no fueron los únicos inspirados ese día.  Phillip Prudenciado, asesor de facultad del nuevo club poseedor de la carta constitutiva, estaba tan conmovido por esta actividad que se hizo socio del club Kiwanis.  — Dick Isenhour
  • Pescando por placer

    jul 10, 2014
    Los socios de Kiwanis de Saint Marys, Georgia, organizan un gran festival de otoño, pero la atracción estelar es un camarón.

    Artículo escrito por Kasey Jackson  |  Fotografía de Curtis Billue y Kasey Jackson

    Es muy temprano en la mañana.

    El sol coquetea con la idea de remontarse sobre la histórica ciudad de Saint Marys, Georgia, y  tanto pájaros como insectos lanzan una absoluta y discordante cacofonía creando el telón de fondo ideal para los eventos de la mañana y, a pesar de que aún está algo oscuro, hay bastante conmoción en la calle.

    Si uno busca información sobre Saint Marys, descubre que se la conoce como “la puerta de entrada a la Playa Nacional de la  Isla Cumberland”.  Pero no es esto lo que hoy día trae tanta emoción a la ciudad.  No.  Se trata de otra atracción: El Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys.

    El camarón de piedra, común en las tibias aguas que van de Virginia al golfo de México, es diminuto y duro. (Piense en el caparazón de la langosta sobre un diminuto camarón).Este festival tiene lugar en el otoño cuando supuestamente el clima es un poco más frío y se rinde homenaje a la más diminuta y famosa celebridad del lugar: el camarón de piedra.

    Se podría decir que el camarón de piedra es primo lejano del famoso camarón y que comúnmente habita en aguas más tibias que van de Virginia al golfo de México.  ¿La diferencia? Estas criaturas son diminutas, muy diminutas (piense en el camarón tipo palomita de maíz) y muy duras.  ¡Duras de verdad! (Piense en el caparazón de la langosta sobre un diminuto camarón).

    Y el club Kiwanis de Saint Marys ha tropezado con el perfecto festival de otoño  invitando al camarón de piedra como la estrella del espectáculo.

    “El camarón de piedra es dulce, y la gente forma fila para saborear una de estas comidas”, expresó Chris Thurner, Presidente del club Kiwanis de Saint Marys durante  el período 2012-2013.

    Festival de otoño

    Durante el desfile del festival pareciera que todo el mundo se conoce; todos y cada uno de los que se reúnen allí se saludan.

    El Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys, que este año celebra su XLII aniversario, atrae de 5.000 a 10.000 personas y recauda alrededor de US$14,000 anuales para un gran número de proyectos, entre ellos una cena para cientos de familias durante la celebración del Día de  Acción de Gracias de los Estados Unidos, becas universitarias, un proyecto navideño de juguetes y un programa de lectura.

    “El donativo más grande se destina al Tazón de Lectura Helen Ruffin”,  dice Thurner.  “Consiste en una competencia entre equipos escolares de grados elemental, medio y bachillerato.  Es un concurso de preguntas mediante el cual las escuelas compiten entre sí, contestando preguntas sobre los libros que han leído. Es  gratificante y alentador ver el entusiasmo que los estudiantes tienen hacia la lectura”.

    El club hace donativos de dinero destinados a la compra de libros para este proyecto y presta ayuda con el transporte.

    Y cuando toda esta actividad no mantiene a los 67 o más socios del club lo suficientemente ocupados, se les puede encontrar de voluntarios en una de las ocho escuelas primarias (de las nueve del área) donde patrocinan un club K-Kids.  (Además patrocinan dos Builders Clubs y un Key Club).

    Según comentarios de Thurner sobre la participación del club en la comunidad, la mayoría de los socios van de aquí para allá por las calles inspeccionando vendedores, fijando avisos, dirigiendo el tráfico, vendiendo camisetas, dirigiendo a los corredores hacia el punto de partida para las carreras de 5 y 10K, contestando preguntas sobre el itinerario del desfile y, lo más importante quizás, poniéndose los delantales para iniciar la tarea que será el foco de atención del día: cocinar.

    “No solo aportamos dinero, sino valioso tiempo de trabajo”, dice Thurner.

    Fue la primera visita de Jason Cain y su familia al Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys.  Cain, de Floyds Knobs, Indiana, y su hijo corrieron la carrera de 5K y la de una milla.  Fue una experiencia que no olvidará en mucho tiempo.

    “Es muy emocionante para mí compartir la carrera con él”, manifestó Cain en relación con su hijo de 5 años de edad en el momento de la carrera. “Estoy emocionado de ver que él muestra interés a temprana edad y es capaz de correr una milla sin problema.  Le encanta correr conmigo.  Está en la edad en la que quiere parecerse a su papi en todos los aspectos, y ciertamente lo estoy disfrutando mientras dure”.

    “Por los niños”

    Algunos visitantes, como Jason Cain y su hijo, disfrutan de algo más que una deliciosa comida de mariscos. Hay música, compras, desfile y, desde luego, la carrera de 5K y la de los niños, por mencionar solo algunas atracciones.

    Caminando entre la multitud, los socios de Kiwanis se mantienen ocupados con los eventos del día, pero encuentran tiempo para saludar. Hay muchas sonrisas. Apretones de manos. “Nos vemos luego”. Es obvio que es una comunidad muy unida. Al paso del desfile, la escena se torna como algo salida de una película. Es una ciudad muy pequeña. Aquí todo el mundo se conoce. Los saludos que se lanzan entre la multitud no son dirigidos a extraños, son para los mejores amigos. Maestros, estudiantes, miembros de iglesias, vecinos, madres, padres y abuelos. Los marineros que marchan en el desfile llevan a sus niños sobre los hombros y saludan a los veteranos entre la muchedumbre. Inclusive hay unos cuantos perros.

    “Gozo verdaderamente cuando camino entre la multitud y hablo con la gente”, dice Barbara Mizelle del club Kiwanis de Saint Marys. “Me encanta estar totalmente involucrada y ver la interacción entre los socios del club- todos colaboran y disfrutan ensenándole a la comunidad de que se trata Kiwanis, en qué creemos y cómo trabajamos arduamente en bien de nuestra comunidad y nuestros niños”.

    Atrás, bajo la sombra de un pabellón de madera, los socios de Kiwanis asignados al equipo encargado de cocinar trabajan pegados uno a otro. Unas personas mezclan la masa para hacer tortas de maíz caseras. Dos más cortan, rebozan y cocinan el pescado. Otros cuatro o cinco se ocupan del camarón de piedra. Y otros más empacan la comida pasándola a los voluntarios que actúan de repartidores llevando la comida a quienes con apetito esperan en fila.

    Mientras permanece de pie, frente al  vapor que emana de una sartén con aceite para freír el camarón de piedra hasta que este queda dorado, el socio de Kiwanis Allen Rassi tiene tiempo para sincerarse acerca de por qué regresa el club año tras año.

    “Lo hacemos todo por los niños”, dice Rassi. “Por ellos estamos aquí. Eso es lo que permite que este motor siga funcionando. Los niños de esta comunidad son todo. Estos niños son simplemente maravillosos”.

    Entre una y otra actividad programada, el parque de diversiones mantiene ocupados y felices a los niños.

  • Los Kiwanis preparan a los niños para su regreso a la escuela

    jun 19, 2014
    Bahamas Kiwanians help students get ready for school.

    Ni siquiera el verano abrasador del pasado agosto pudo impedir que 2.000 niños se reunieran en los Jardines Botánicos de Nassau (Bahamas) para recibir útiles escolares y pasar un buen rato.

    La fiesta de regreso a la escuela para los niños que viven en barrios marginales  fue patrocinada por Urban Renewal Bahamas, con el fin de brindarles útiles escolares y diferentes servicios y actividades a los niños. Parte de la comida que se les dio a los mismos fue provista por los clubes Kiwanis de Fort Montagu (Nassau) y Over-the-Hill (Nassau). Los socios de estos clubes les dieron al grupo de chicos que tenían hambre y calor, cuatro cajas de perros calientes, arrolladitos de salchichas, una caja de agua y tres cajas y media de gaseosas.

    A pesar que se les pidió solo ayudar con el almuerzo, los Kiwanis no perdieron la oportunidad para interactuar con los niños aun en un día muy atareado.  Los útiles escolares gratuitos se entregaron en un ambiente lleno de actividades como: un castillo inflable para jugar, servicios odontológicos, un área de lectura, una banda musical y un orador.

    “Los niños estaban muy agradecidos, ya que la mayoría de sus padres no podían comprarles los útiles escolares que ellos necesitaban”, dice Shantell Spence, la entonces presidenta del comité de servicios juveniles para el Club Kiwanis Fort Montagu. — Karen Pyle Trent

    Busque más ideas sobre los proyectos de regreso a la escuela en la revista Kiwanis 2014, edición agosto.

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