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Vuelve la carrera

mar 20, 2013

Runners in the Kingston Classic

Muchos de los residentes de Kingston, en Nueva York, tienen una pasión en común: correr.  La ciudad cuenta con una comunidad muy unida de corredores y sus clubes. Por lo que cuando se dejó de realizar uno de los eventos tradicionales de la comunidad, el Club Kiwanis de Kingston decidió intervenir para reanudarlo y transformarlo.

Durante muchos años, estos corredores tuvieron la oportunidad de correr con atletas selectos de Kenya y Etiopía en el evento anual Kingston Classic. En 1981, el clásico comenzó con una carrera de 10 kilómetros destinada a ayudar a los corredores a ponerse en forma para el Maratón de Boston. En el año 2009, se añadió una carrera de 3,4 kilómetros para atraer a los competidores que no estaban lo suficientemente preparados para el maratón.

Cuando dejó de realizarse la clásica carrera en el 2010, un socio local de Kiwanis luchó para que este evento tradicional de la comunidad no desapareciera para siempre. Greg Riley, quien había  colaborado en la creación de otras dos carreras, se acercó a sus compañeros Kiwanis, muchos de los cuales ya habían participado en la carrera en otras ocasiones, para que corrieran la misma con él.

“Durante muchos años, el Kiwanis de Kingston había buscado la oportunidad para unirse a una causa valedera que no sólo nos sirviera para enseñar quiénes somos, sino para mostrar lo que hacemos en la comunidad”, reflexiona Riley.

El club aceptó asociarse a la carrera, pero eso implicó cambiar ciertas tradiciones.

“Nos reunimos con todos los patrocinadores anteriores y les aseguramos que no íbamos a entregar premios monetarios (a los corredores más rápidos)”, dijo Riley. “Todo el dinero recaudado se quedaría en la comunidad para financiar programas destinados a los ancianos y los jóvenes necesitados”.

Para enfatizar aún más el nuevo enfoque comunitario, se le pidió a los corredores que votaran por el grupo más animoso en la “Zona de fanáticos”, donde los grupos locales alientan a los competidores. Si alguno de los tres grupos que recibiera la mayor cantidad de votos fuera una organización sin fines de lucro, entonces el grupo recibiría el premio monetario; pero, si el grupo ganador fuera una empresa, el dinero se entregaría a una organización de caridad elegida por la misma. El club también redujo el importe de la inscripción para que más personas pudieran participar en la carrera.

“Hemos recibido comentarios muy positivos con respecto a los cambios introducidos y a la estructura organizacional que creamos para que sea más fácil supervisar las futuras carreras”, declara Riley. No se está jactando. El diario local, The Daily Freeman, nombró “Deportistas del Año 2012” a los organizadores,  y la mayoría de ellos, desde el director de relaciones públicas hasta el tesorero, son socios Kiwanis.

En los dos años que el club Kiwanis ha estado a cargo de esta carrera, se han recaudado USD 45.000 destinados a apoyar a diferentes organizaciones y proyectos,  como los Programas de Servicio y Liderazgo, la investigación sobre diabetes juvenil, el Hogar de Niños de Kingston y las actividades juveniles como baloncesto y ballet. Pero esta no ha sido la única forma en que se amplió la misión de Kiwanis.  Al menos 10 socios se unieron a Kiwanis para participar especialmente en la carrera.  —Courtney Meyer

A man and a young child warm up for the race

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