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En llamas

dic 17, 2013

Gail Browne and two of her children pose outside her new home.

A menos que se lo haya vivido, es difícil comprender la desesperación que siente una familia al perder su casa en un incendio. Pero Gail Browne si conoce ese sentimiento.

En el 2011, esta madre soltera de seis niños, se quedó sin hogar cuando el fuego destruyó su casa. En los años siguientes, ella mantuvo unida a su familia, mudándose de casa en casa, según sus posibilidades.

Browne y sus hijos ahora viven en una nueva casa que el Club Kiwanis de Barbados-Central construyó para ellos. Pero los recuerdos de esos difíciles días le ayudan a entender las dificultades que enfrentan las familias que han sido afectadas por una tragedia.

"Cuando ocurrió el incendio, mi prioridad era proporcionar refugio y algo de seguridad para los niños, ya que ellos tienen distintas edades, algunos son pequeños y otros adolescentes”, dice Browne.

“Pero una vez que acepté lo del incidente, comencé a preocuparme por la ropa, los útiles escolares y a quién recurrir por ayuda. “Luego me di cuenta que necesitaba ayuda psicológica debido al dolor y a la desesperanza que se apoderó de mí. Asimismo, los niños tuvieron que adaptarse a un cambio ya que tuvieron que compartir sus pertenencias, arreglárselas y lograr una cierta sensación de comodidad”. — Shanna Mooney

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