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Pescando por placer

jul 10, 2014
Los socios de Kiwanis de Saint Marys, Georgia, organizan un gran festival de otoño, pero la atracción estelar es un camarón.

Artículo escrito por Kasey Jackson  |  Fotografía de Curtis Billue y Kasey Jackson

Es muy temprano en la mañana.

El sol coquetea con la idea de remontarse sobre la histórica ciudad de Saint Marys, Georgia, y  tanto pájaros como insectos lanzan una absoluta y discordante cacofonía creando el telón de fondo ideal para los eventos de la mañana y, a pesar de que aún está algo oscuro, hay bastante conmoción en la calle.

Si uno busca información sobre Saint Marys, descubre que se la conoce como “la puerta de entrada a la Playa Nacional de la  Isla Cumberland”.  Pero no es esto lo que hoy día trae tanta emoción a la ciudad.  No.  Se trata de otra atracción: El Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys.

El camarón de piedra, común en las tibias aguas que van de Virginia al golfo de México, es diminuto y duro. (Piense en el caparazón de la langosta sobre un diminuto camarón).Este festival tiene lugar en el otoño cuando supuestamente el clima es un poco más frío y se rinde homenaje a la más diminuta y famosa celebridad del lugar: el camarón de piedra.

Se podría decir que el camarón de piedra es primo lejano del famoso camarón y que comúnmente habita en aguas más tibias que van de Virginia al golfo de México.  ¿La diferencia? Estas criaturas son diminutas, muy diminutas (piense en el camarón tipo palomita de maíz) y muy duras.  ¡Duras de verdad! (Piense en el caparazón de la langosta sobre un diminuto camarón).

Y el club Kiwanis de Saint Marys ha tropezado con el perfecto festival de otoño  invitando al camarón de piedra como la estrella del espectáculo.

“El camarón de piedra es dulce, y la gente forma fila para saborear una de estas comidas”, expresó Chris Thurner, Presidente del club Kiwanis de Saint Marys durante  el período 2012-2013.

Festival de otoño

Durante el desfile del festival pareciera que todo el mundo se conoce; todos y cada uno de los que se reúnen allí se saludan.

El Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys, que este año celebra su XLII aniversario, atrae de 5.000 a 10.000 personas y recauda alrededor de US$14,000 anuales para un gran número de proyectos, entre ellos una cena para cientos de familias durante la celebración del Día de  Acción de Gracias de los Estados Unidos, becas universitarias, un proyecto navideño de juguetes y un programa de lectura.

“El donativo más grande se destina al Tazón de Lectura Helen Ruffin”,  dice Thurner.  “Consiste en una competencia entre equipos escolares de grados elemental, medio y bachillerato.  Es un concurso de preguntas mediante el cual las escuelas compiten entre sí, contestando preguntas sobre los libros que han leído. Es  gratificante y alentador ver el entusiasmo que los estudiantes tienen hacia la lectura”.

El club hace donativos de dinero destinados a la compra de libros para este proyecto y presta ayuda con el transporte.

Y cuando toda esta actividad no mantiene a los 67 o más socios del club lo suficientemente ocupados, se les puede encontrar de voluntarios en una de las ocho escuelas primarias (de las nueve del área) donde patrocinan un club K-Kids.  (Además patrocinan dos Builders Clubs y un Key Club).

Según comentarios de Thurner sobre la participación del club en la comunidad, la mayoría de los socios van de aquí para allá por las calles inspeccionando vendedores, fijando avisos, dirigiendo el tráfico, vendiendo camisetas, dirigiendo a los corredores hacia el punto de partida para las carreras de 5 y 10K, contestando preguntas sobre el itinerario del desfile y, lo más importante quizás, poniéndose los delantales para iniciar la tarea que será el foco de atención del día: cocinar.

“No solo aportamos dinero, sino valioso tiempo de trabajo”, dice Thurner.

Fue la primera visita de Jason Cain y su familia al Festival de Camarón de Piedra de Saint Marys.  Cain, de Floyds Knobs, Indiana, y su hijo corrieron la carrera de 5K y la de una milla.  Fue una experiencia que no olvidará en mucho tiempo.

“Es muy emocionante para mí compartir la carrera con él”, manifestó Cain en relación con su hijo de 5 años de edad en el momento de la carrera. “Estoy emocionado de ver que él muestra interés a temprana edad y es capaz de correr una milla sin problema.  Le encanta correr conmigo.  Está en la edad en la que quiere parecerse a su papi en todos los aspectos, y ciertamente lo estoy disfrutando mientras dure”.

“Por los niños”

Algunos visitantes, como Jason Cain y su hijo, disfrutan de algo más que una deliciosa comida de mariscos. Hay música, compras, desfile y, desde luego, la carrera de 5K y la de los niños, por mencionar solo algunas atracciones.

Caminando entre la multitud, los socios de Kiwanis se mantienen ocupados con los eventos del día, pero encuentran tiempo para saludar. Hay muchas sonrisas. Apretones de manos. “Nos vemos luego”. Es obvio que es una comunidad muy unida. Al paso del desfile, la escena se torna como algo salida de una película. Es una ciudad muy pequeña. Aquí todo el mundo se conoce. Los saludos que se lanzan entre la multitud no son dirigidos a extraños, son para los mejores amigos. Maestros, estudiantes, miembros de iglesias, vecinos, madres, padres y abuelos. Los marineros que marchan en el desfile llevan a sus niños sobre los hombros y saludan a los veteranos entre la muchedumbre. Inclusive hay unos cuantos perros.

“Gozo verdaderamente cuando camino entre la multitud y hablo con la gente”, dice Barbara Mizelle del club Kiwanis de Saint Marys. “Me encanta estar totalmente involucrada y ver la interacción entre los socios del club- todos colaboran y disfrutan ensenándole a la comunidad de que se trata Kiwanis, en qué creemos y cómo trabajamos arduamente en bien de nuestra comunidad y nuestros niños”.

Atrás, bajo la sombra de un pabellón de madera, los socios de Kiwanis asignados al equipo encargado de cocinar trabajan pegados uno a otro. Unas personas mezclan la masa para hacer tortas de maíz caseras. Dos más cortan, rebozan y cocinan el pescado. Otros cuatro o cinco se ocupan del camarón de piedra. Y otros más empacan la comida pasándola a los voluntarios que actúan de repartidores llevando la comida a quienes con apetito esperan en fila.

Mientras permanece de pie, frente al  vapor que emana de una sartén con aceite para freír el camarón de piedra hasta que este queda dorado, el socio de Kiwanis Allen Rassi tiene tiempo para sincerarse acerca de por qué regresa el club año tras año.

“Lo hacemos todo por los niños”, dice Rassi. “Por ellos estamos aquí. Eso es lo que permite que este motor siga funcionando. Los niños de esta comunidad son todo. Estos niños son simplemente maravillosos”.

Entre una y otra actividad programada, el parque de diversiones mantiene ocupados y felices a los niños.

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