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  • ¡Todos a la piscina!

    jun 09, 2015
    A medida que los estudiantes se sienten más seguros en el agua, ellos aprenden a flotar boca abajo y boca arriba.

    La diversión durante el verano implica chapotear en la piscina local, flotar en un río y pescar en el lago. El club Kiwanis de Greater Ada (Oklahoma) mediante el programa de natación segura que realiza con la organización Ada Red Cross (Cruz Roja Ada), hace que estas diversiones acuáticas sean seguras.

    Sue Ellen Frerich ha sido la directora del programa de natación segura de Kiwanis desde 1991, pero ha estado involucrada en el mismo desde mucho antes. “Recuerdo cuando era pequeña y tomaba clases de natación. Mis hermanos y yo tomamos clases con Kiwanis”.

    Las clases de los más pequeños están compuestas por niños de entre seis meses y cuatro años, acompañados por los padres. Ellos practican durante la clase y después de finalizada la misma para así superar el miedo al agua. El siguiente nivel toma clases sin la supervisión directa de los padres: los niños colocan la cara en el agua, flotan boca arriba y boca abajo y aprenden cómo entrar y salir de la piscina. Cuando los niños completan el tercer nivel de entrenamiento, pueden ser arrojados a la piscina sin que les agarre miedo. Los niveles cuatro y cinco son más difíciles y se crea en ellos resistencia al tener que nadar grandes distancias. En el nivel siete, los estudiantes aprenden cómo nadar correctamente, y la enseñanza se orienta en el calentamiento y el enfriamiento muscular y el monitoreo del ritmo cardíaco. Una clase del programa de natación de Red Cross que incluye todos los niveles es un día de seguridad, en el que los niños aprenden a ayudarse a ellos mismos y a otros con tubos de rescate y salvavidas.

    "Cuando veo un niño temeroso del agua que puede meterse a la piscina y nadar a lo largo de ella, siento una gran satisfacción por el logro alcanzado", dice Frerich. El próximo paso, explica, es el Guard Start (Pre Guardavidas).

    El Guard Start, explica Frerich, fue creado para que los adolescentes sigan participando después de haberse graduado de las clases de natación, pero al ser tan jóvenes no pueden obtener la certificación de guardavidas. Antes de la creación de este programa, muchos estudiantes encontraban un nuevo pasatiempos y perdían después el interés  para convertirse en guardavidas cuando alcanzaban la edad requerida, ya que no practicaban natación.

    El Guard Start incluye dos o tres veranos con técnicas de natación y ejercicios de RCP como también clases de liderazgo y servicio comunitario. Para cuando ya alcanzan la edad requerida para convertirse en guardavidas, los jóvenes ya han aprendido las habilidades tediosas y son capaces de perfeccionarlas. El Guard Start también es un programa de asesoría en el que se motiva a los jóvenes a alcanzar el éxito para que ellos también puedan formar parte de Guard Start.  — Courtney Taylor
  • ¡Qué traigan nuevamente la música!

    jun 09, 2015
    Familias, parejas, amantes de la naturaleza tienen un lugar donde sentarse y donde disfrutar de los atardeceres en el Lago Huron en Kenwick, ubicado en el parque Lake Park, donde personalidades como Louis Armstrong, Lionel Hampton, Les Brown, Guy Lombardo y Alice Cooper alguna vez fueron parte del entretenimiento del lugar.

    En 1943, Louis Armstrong lideró una marcha de santos hasta la costa del Lago Huron. Casi cerca de tres décadas después, Alice Cooper estuvo allí para anunciar: “Fin de las clases”. Los dos espectáculos más reconocidos, uno de baile swing y otro de rock, representan el comienzo y el fin del escenario del salón de bailes de Ontario. Pero el fuego y el tiempo arrasaron con esos años gloriosos.

    En los dos últimos años, el club Kiwanis de Seaway, en Sarnia (Ontario) creó una comisión comunitaria para remodelar Kenwick en el parque Lake Park. Hoy en día, los niños juegan en los toboganes y columpios nuevos y los deportistas disfrutan de las tres nuevas canchas de tenis. También ha vuelto la música.

    “Este parque estaba abandonado, dejado”, dice Ken Stothers del club Kiwanis de Sarnia, en Seaway (Ontario). “Pero en los ojos de un pequeño comité de voluntarios Kiwanis, este lugar era un diamante sin pulir".

    Con una contribución de CDN$50.000, el club Kiwanis lanzó una campaña de recaudación de fondos que se acercó a los $90.000. Más de 100 voluntarios de los sindicatos del área, los bomberos, y una clase universitaria colocaron 18 bancos en el parque (todos mirando hacia la puesta del sol del Lago Huron), pusieron un nuevo poste con la bandera, instalaron máquinas de gimnasia para los adultos y un nuevo parque de juegos infantiles. Asimismo, construyeron un escenario acústico.

    “Kenwick en el parque Lake Park ahora tiene nuevamente música, con la presentación de conciertos en el escenario acústico durante las noches de verano”, cuenta Stothers. 

    “El parque ahora lo disfrutan todos los grupos generacionales de la comunidad”, añade Stothers. “La ciudad de Sarnia ha decidido agregar nuevos baños, ya que el parque es muy concurrido ahora".

    La ciudad también ha homenajeado a Kiwanis por haber liderado este proyecto incluyendo al club en el Reconocimiento de Honor del Alcalde 2015.
  • 1990 en nuestra historia: Santa visita las Islas

    jun 09, 2015
    Las tarjetas de navidad dibujadas por niños incluyen el siguiente saludo en feroés: “Gleðilig Jól” (Felíz Navidad).

    Desde lo alto, Papá Noel ve un grupo de pequeñas islas en el enorme océano Atlántico y guía laboriosamente a los pequeños nueve renos de su trineo hacia el techo de una de las casas, para luego descender por la chimenea y encontrarse con una gentil y dulce mujer. Ella le dice que ha aterrizado en las Islas Feroés y que allí viven muchos niños que estarán felices de verlo.  Luego, la mujer le cuenta una historia de cómo un club Kiwanis sigue manteniendo el espíritu navideño vivo.

    Y su historia fue algo como esto…

     Durante la celebración de los 100 años de la fundación de Kiwanis, la revista Kiwanis vuelve a publicar los artículos de los logros de los clubes. Esta historia apareció en el año 1991 en la edición de noviembre / diciembre de la revista Kiwanis.
    En una de las dieciocho islas rocallosas que conforman Feroés se encuentra Tórshavn, la capital más pequeña del mundo. Una vez, al club Kiwanis de Tórshavn se le ocurrió una idea innovadora. Patrocinaría una competencia entre los estudiantes para que dibujaran más de 25.000 tarjetas de Navidad. Las mismas se venderían y el dinero recaudado se usaría para ayudar a los niños de las Islas Feroés que sufren de soriasis, una enfermedad de la piel que es muy difícil de curar.

    En Islandia, hay un lago artificial resultante de una planta geotérmica que produce agua caliente y electricidad para el área de Keflavik. La planta calienta el agua a través del vapor que se bombea de la tierra.  El vapor se mezcla con sal y otros químicos seguros, y el exceso de agua forma un lago llamado la Laguna Azul, debido al color del agua.

    “Este tipo de agua ayuda a curar la soriasis cuando las personas se bañan en la laguna”, dice Herman Thordarson, ex gobernador del distrito de Islandia (ahora el distrito de Islandia y las Islas Feroés).

    Con las ganancias de la venta de tarjetas, el club Tórshavn enviaba a los niños que sufrían esta enfermedad de la piel a Islandia y a la Laguna Azul. Los Kiwanis de Islandia también ayudaban con los gastos del viaje.

    “Este emprendimiento de creación de 25.000 tarjetas de Navidad, les permitió a los Kiwanis de las Islas Feroés obtener un lugar en el “Libro de Records de Guinness", cuenta Thordarson.

    Y, sin duda alguna, también un lugar en la mente de las personas que recibían las tarjetas navideñas, ya que cada una incluía un dibujo autóctono de las Islas Feroés junto a un saludo navideño especial en la lengua nativa “Felíz Navidad”.

    En el reverso de la tarjeta había una pequeña descripción: “Un niño de las Islas Feroés dibujó esta tarjeta”. También aparecía el logotipo de Kiwanis International -  un paseo de trineo por Tórshavn – anunciando la buena noticia.
  • Familia de amigos

    may 19, 2015
    Cuando era tan solo un niño, Thor Koeun encontró refugio y apoyo en la comunidad de Thkov Village. Ahora él y sus compañeros del club Kiwanis de Phnom Penh sirven a los niños de la comunidad, mediante la organización de proyectos para la escuela local.

    Como muchos clubes nuevos, la historia del primer club Kiwanis de Camboya, el club Kiwanis de Phnom Penh, está muy entrelazada con la historia de sus socios fundadores, especialmente con la del presidente fundador Thor Koeun.

     Video: Thor Koeun cuenta una historia de terror, de sobrevivencia y de la alegría que encontró en Kiwanis.

    Thor Koeun cuenta una historia de terror, de sobrevivencia y de la alegría que encontró en Kiwanis.

    A medida que  Camboya se acerca a la comprobación de la eliminación del tétanos materno y neonatal, una cosa está clara: el proyecto está funcionando. Lea el artículo “La fortaleza de la voluntad” en la revista Kiwanis, edición junio/julio 2015.
    Thor creció durante la era oscura de Pol Pot cuando el Khmer Rouge destruyó Camboya, asesinando y castigando a su propia gente. Los padres de Thor, inicialmente marcados para ser asesinados, fueron perdonados solo para morir finalmente de hambre.  Huérfano a los seis años, Thor creció en una pagoda con monjes budistas, donde fue criado con la ayuda de los demás.

    Pero, al igual que sus compatriotas, él la peleó y logró educarse y encontrar oportunidades para alcanzar sus ambiciones. Una especie de reconstrucción, no muy diferente a la de su patria.

    A medida que crecía en su carrera, ascendiendo a los cargos más altos en los Ministerios de Camboya, el Consejo Nacional del Idioma Khmer, Thor quería encontrar la manera de devolverles y reciclarles  a los niños menos privilegiados del país la oportunidad que él había tenido.

    “Quería servir a los niños”, cuenta Thor, señalando que lo habían contactado otros clubes de servicio para que se uniera a ellos. “Cuando leí que Kiwanis servía a los niños; eso fue todo lo que necesité para elegirlos".

    Solo había un problema: No había ningún club Kiwanis en Camboya.

    Con el apoyo de los líderes Kiwanis de la Región Asia-Pacifico, el distrito de Malasia y los clubes patrocinadores en Bupyeong, Inchon, Corea del Sur y Johor Bahru, Malasia, el club Phnom Penh llevó a cabo la reunión de organización del club en diciembre de 2013. Recibió la carta constitutiva en marzo de 2014 con 50 socios y conmemoró su primer aniversario en diciembre de 2014 con 99 socios—que ahora superan los 100.

    No ha sido un problema atraer a socios. El club está compuesto por muchas de las personas influyentes de Phnom Penh que atraen a otras personas claves. Los socios publican sus actividades —y especialmente el entusiasmo y la alegría del grupo—de manera rápida y amplia en Facebook. Asimismo, los socios han establecido buenas relaciones con los medios de Phnom Penh quienes dan cobertura a las actividades del club en la televisión y demás medios de comunicación. El club trabaja y se divierte muchísimo y todos saben eso. La gente quiere pertenecer al club Kiwanis de Phnom Penh.

    En su corta historia, el club ya está creando un gran impacto en Camboya. Los logros de los servicios que prestan son inconmensurables. Como ejemplos: entregar suministros a los niños huérfanos y desamparados, plantar árboles en las escuelas, dar bicicletas a los centros para los niños huérfanos, abrir una clínica temporal odontológica para los niños más necesitados y hasta organizar una campaña caritativa que une a los socios de Malasia y Camboya, para la distribución de paquetes escolares a los niños y la instalación de inodoros en varias escuelas, todo esto en una caravana caritativa.

    Quizá la marca distintiva de servicio del club (hasta ahora) es el trabajo que hizo en SokAnKdey Tontim, una escuela en la provincia de Takeo. Durante un día de servicio, el club plantó 400 árboles, pintó edificios, abrió una biblioteca (con muebles y libros), donó alimentos a más de 1.000 estudiantes, maestros y padres, e instaló un sistema de pararrayos (se conoce el área por tener fuertes y peligrosos rayos). El club continúa apoyando la escuela y motiva a los estudiantes de la misma visitándolos y alentándolos mediante premios.  Esta escuela y el proyecto de servicio son muy importantes porque se encuentran en Thkov Village donde vivió Thor.  La familia Kiwanis refuerza  su trabajo al brindar una gran ayuda y apoyo a los niños, donde Thor también recibió la ayuda cuando más la necesitaba.

    “Los Kiwanis se definen como unidad, honestidad y confianza, colaboración y diversión", les dijo Thor a los presentes en la fiesta del primer aniversario del club. “Desde nuestro punto de vista práctico, mediante Kiwanis, establecemos amistades perdurables que nos convierten en una gran familia".  — Amy Wiser
  • La danza de la victoria

    may 19, 2015
    Los adolescentes participantes, Makayla Condie y Tel Parmely, sorprendieron a los jueces, a los espectadores y aun a sí mismos al bailar Lindy Hop.

    A Joe y a Linda Fabian les encanta bailar. Ellos han competido en concursos de baile.  Enseñaron a otros a bailar vals, tango y  chachachá.  Hace tres años, ellos trajeron la gracia de la danza a su ciudad natal de Wheatland, (Wyoming) como una manera nueva y excitante de recaudar fondos.

    La pareja coordinó la organización de un evento de su club Kiwanis de Wheatland (Wyoming) al estilo del condado de Platte, semejante al espectáculo que se trasmite por la ABC “Dancing With the Stars” (Bailando con las estrellas).

    Con la ayuda de los cadetes de la Academia Wyoming Youth Challenge Academy y otros estudiantes de la secundaria, los Kiwanis consiguieron más de 3.000 horas de voluntariado y recaudaron un monto neto de USD23.000 el año pasado.

    "Comenzamos preguntando a las personas de la comunidad si les gustaría ser uno de los 12 bailarines participantes”, explica la presidente de relaciones públicas Linda Fabian. “Al final terminamos con seis parejas que en la vida real también lo son y que se inscribieron para bailar: vals, compás de dos, chachachá, compás de tres por dos, rumba y un Lindy Hop”.

    Los bailarines generalmente comienzan a entrenar tres meses antes del concurso. Pasan muchas horas aprendiendo el baile. “A medida que el día del concurso se acerca, usted puede encontrar a los bailarines en el estudio todos los días”, dice Fabian. “Les enseñan técnicas, la modalidad del baile, cómo presentarse y por supuesto cómo hacer la venia”.

    Mientras  tanto deben ayudar también en la recaudación de fondos del evento. El concurso se pone interesante cuando las parejas de baile deben disputar el primer, el segundo o el tercer puesto, teniendo en cuenta la recaudación de fondos y el mejor espectáculo, lo que es determinado por el panel de jueces.

    El evento se realiza en el edificio de la comunidad 4-H, un edificio largo y angosto con paredes de concreto, un escenario que se utiliza principalmente para depósito y una cocina totalmente desactualizada.

    Pero tiene una increíble pista de baile y puede acomodar a 250 personas. “Por una noche—,explica Fabian—, el edificio es transformado con cortinas, lienzos y luces, plantas verdes, arcos y mesas decoradas al mejor estilo de un lugar de la ciudad de Nueva York. El evento principal incluye una comida servida por un catering y se solicita a los asistentes llevar una vestimenta elegante. Se sirve un almuerzo liviano durante las actuaciones adicionales. Durante las actuaciones, se alienta a la audiencia a que continúe votando por sus bailarines favoritos”.

    “Vivimos en un área con pocos habitantes, y constantemente se les pide a los negocios que donen para una cosa u otra”, dice el presidente del club Jeff Brown. “La emoción de este espectáculo y el hecho de que hemos creado una amplia expectativa con los 12 bailarines, ha convertido este evento en el más importante y reconocido del área".

    “No podría estar más agradecida por haber tenido la oportunidad de participar”, dice Amy Windmeier. “Es reconfortante ver todo lo bueno que se origina a partir de este evento”. Amy es una sobreviviente de cáncer por lo que participar en este evento fue su “danza de la victoria”.

    “Significó mucho más para mí por lo de  mi batalla contra el cáncer. Esta fue mi lección sobre qué es la vida; bailar bajo la lluvia y disfrutarlo cada segundo. Me siento muy honrada por haber sido parte de algo que marcó la diferencia en mi comunidad”.  — Foto por Val Bowen
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