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  • Nuestra historia en 1966: El largo brazo de Kiwanis

    may 08, 2015
    Kiwanis 100th Anniversary seal

    Se demostró que Kiwanis está presente en todo el mundo con el proyecto realizado por los clubes Kiwanis de Reykjavík-Katla (Islandia) y el club Kiwanis de Tokio (Japón) ubicado al otro lado del mundo.

    Durante la celebración de los 100 años de la fundación de Kiwanis, la revista Kiwanis volverá a publicar los artículos sobre los logros de los clubes. Esta historia apareció en la edición de marzo del año 1967 de la revista Kiwanis.
    Durante el verano de 1966, los Kiwanis de Islandia se enteraron que dos instituciones locales, la Sociedad de Cáncer de Reykjavík y el hospital municipal Reykjavík necesitaban con urgencia aparatología de diagnóstico para los casos de pacientes con presuntos cánceres. Lo que más se necesitaba, según los doctores, eran dos cámaras de gastroenterología para fotografiar el interior del estómago.

    Cada club decidió comprar una cámara. Se realizó el pedido y pronto llegaron las cámaras de mil dólares. Desafortunadamente, ninguno de los doctores locales tenía experiencia alguna con el uso de estas cámaras, por lo que uno de los doctores debía capacitarse en el exterior para poder luego enseñar a sus colegas. Buscando la información correspondiente, los Kiwanis averiguaron que Tokio (Japón) era uno de los centros donde se brindaba dicha capacitación. Entonces los Kiwanis eligieron un destacado médico de Reykjavík, escribieron una carta de presentación al club Kiwanis de Tokio y pusieron al doctor en un avión con destino a Japón.

    Una vez allí, los kiwanis de Tokio recibieron al doctor y lo trataron como a la realeza. Lo transportaron al centro de capacitación y después de varias semanas de estudio, él volvió a Reykjavík.

    Ahora las cámaras de gastroenterología están siendo utilizadas en dos hospitales de Reykjavík, y según las palabras del secretario del club Olafur Einarsson en 1966: “Los kiwanis locales están muy agradecidos con el club de Tokio por haberlos ayudado".
  • Qué lluevan muñecos de peluche

    abr 10, 2015
    Los jóvenes jugadores de hockey recogen los juguetes arrojados a la pista de hielo para donarlos al banco de alimentos de Quebec.

    Durante décadas los aficionados al hockey han arrojado diversos objetos –como ratas de plástico y serpientes de goma– a la pista de hielo para expresar su descontento o para alentar al equipo local. Los funcionarios desalientan esta práctica en los espectadores y los grupos de derechos de los animales han protestado contra la misma, pero en Quebec, los niños hoy se benefician con estos juguetes.

    En colaboración con el Centro de Deportes Lacroix-Dutil, el club Kiwanis de St-Georges-de-Beauce pide a los aficionados que traigan animales de peluche a los juegos locales. Cuando el equipo Cool 95 103.5 hizo su primer gol, la multitud arrojó a la pista de hielo una lluvia de animales de peluche como perritos mullidos, ositos de trapo, sapos sonrientes, muñecas calicó, burritos agraciados, extraterrestres de peluche y otros tantos más. Un ejército de jóvenes –con la camiseta y el casco de su equipo de hockey– entraron patinando a limpiar la cancha de hielo.

    Los kiwanis y voluntarios clasificaron los juguetes –cerca de 400 en cada evento– y los entregaron a Moisson Beauce, un banco de alimentos que entrega a las familias necesitadas canastas navideñas con los animales de peluches incluidos.

    “Hemos visto varias empresas que han tenido que cerrar sus puertas y muchas personas perdieron su trabajo”, dijo la presidente de Cool FM, Carol Poulin, durante una entrevista en el 2010. “Para esas familias necesitadas, sabemos que estos son regalos… que les dan felicidad”.

    Kiwanians deliver toys to Moisson Beauce, a food bank that packages holiday food baskets for needy families.
  • 1927: Un hito en nuestra historia en la construcción de un camino hacia la belleza

    abr 10, 2015
    Los kiwanis I.O. Chitwood, Wade H. Candler, Robert A. Blair y Tom W. Gallagher posaron con el carro que usaron para marcar la ruta a través de la naturaleza salvaje.

    Hubo un tiempo en que las cataratas de Cumberland – “La Niágara del Sur” – eran poco conocidas hasta por los propios habitantes de Corbin (Kentucky). En el lado oeste del río Cumberland, algunas personas decían haber oído las aguas estruendosas, pero solo unas pocas habían visto su belleza natural. A fines de los años 20, los turistas comenzaron a llegar en automóvil preguntando cómo llegar a las cataratas, pero los lugareños desorientados  se rascaban la cabeza.

    En realidad, el destino se encontraba a solo 29 kilómetros, pero la naturaleza indómita del bosque, el río y el barranco escondían el camino.

    Lo que sigue a continuación es la historia del Club Kiwanis de Corbin, y de cómo éste reunió a los ciudadanos de Kentucky y construyó un camino pintoresco y sinuoso a través del bosque. Hoy en día, la belleza de las cataratas atrae a visitantes de todo el mundo, muchos de ellos llegan por el camino marcado por los Kiwanis en 1927.

    El comienzo del camino a las cataratas Corbin-Cumberland data del 10 de julio de 1927, cuando el comité del club Kiwanis se formó para realizar su primer viaje a las cataratas por el lado del río en donde se encuentra Corbin.  “Wade” H. Candler, el vendedor local de automóviles Ford y miembro del comité de relaciones públicas, acondicionó un Ford especial para el viaje de marcación del camino. Hasta ese entonces, ningún automóvil había llegado hasta las cataratas Cumberland y vuelto por el lado del río en donde se encuentra Corbin.

    Un incidente que ocurrió en este primer viaje quedó grabado en los recuerdos de los aventureros miembros del comité encargado del camino. Le preguntaron a un residente del lugar sobre alcantarillas o puentes en el camino, y éste les respondió: “Forasteros, aquí no hay puentes”. Esa era la verdadera condición en que se encontraba el viejo camino.

    Después de la primera expedición, se hicieron muchos otros viajes a las cataratas y se realizaron reuniones en todo el país. A medida que los costos del proyecto se incrementaban, los kiwanis visitaban los clubes de todo el estado en busca de apoyo financiero.

    “Los kiwanis en Kentucky hicieron posible, en gran medida, que se salvara el Niágara del Sur”, escribió Robert Blair en 1933. “Sería correcto decir que esta es la cascada más grande al este de las Rocallosas y al sur de las cataratas del Niágara en los Estados Unidos y que tiene, durante la luna llena, uno de los dos arcoíris lunares del mundo”.

    Al finalizar la campaña un avión arrojó miles de volantes en el área circundante de Corbin que informaban sobre una reunión final para hablar sobre el proyecto de construcción. Siguieron seis semanas de trabajo intenso. Más de 200 mujeres y hombres trabajaron a la par para terminar el camino y convertir 1.200 árboles en un puente de 71 metros de largo por 9 metros de alto.

    Fiel a las tradiciones de Kentucky, el camino fue completado dos o tres días antes de la apertura del mismo. El gobernador del Commenwealth de Kentucky (Territorio autónomo de Kentucky) estuvo presente. Se presentaron quinientos carros en el desfile que se realizó camino hacia las cataratas. Allí fueron recibidos por la banda Corbin Kiwanis Brass Band y recibieron almuerzos en viandas. Se incrustó un clavo dorado para inaugurar oficialmente el camino.

    El 7 de septiembre de 1931 se construyó una nueva carretera entre Corbin y las cataratas, con un puente de concreto que reemplazaba la estructura de madera hecha por los kiwanis del club. Los clubes Kiwanis del distrito de Kentucky-Tennessee estuvieron presentes. Que contraste ese día cuando 2.785 carros de 17 estados cruzaban en una procesión el nuevo puente, en solo tres meses 13.875 carros con 51.886 visitantes viajaron por la nueva carretera de las cataratas.

    Lea también: Historia de las cataratas de Cumberland (Enlace disponible en inglés)

    En 1927 los kiwanis de Corbin construyeron un puente que atraviesa un profundo barranco para que las personas pudieran disfrutar del majestuoso paisaje de las cataratas Cumberland. En la base de este puente construido en los años 40 se encuentran las  vigas utilizadas por ellos.
  • Alivio con una ayuda a largo plazo

    abr 10, 2015
    Usando el equipo de un remolque adaptado con equipos de gimnasia donado por Kiwanis, los jóvenes de Nueva Zelanda remaron hasta llegar a la meta final.

    Después de los terremotos ocurridos cerca de Christchurch (Nueva Zelanda) en el 2010 y el 2011, llevará tiempo para que la vida vuelva a ser normal. Los terremotos y las réplicas dejaron a miles de personas sin techo, a barrios destruidos, a escuelas temporalmente cerradas y a los niños sin un sentido de seguridad y de rutina.

    Cuando los fondos de ayuda para casos de catástrofes llegaron de los clubes Kiwanis de todo el mundo, los kiwanis de Nueva Zelanda decidieron usarlos para que los niños afectados por los terremotos volvieran a normalizar sus vidas. Uno de los proyectos seleccionados fue el Sport Canterbury’s Top Team Challenge (Desafío deportivo para los mejores equipos de Canterbury), donde un remolque itinerante brinda actividades deportivas en equipo y el equipamiento necesario a las escuelas cuyos espacios habían sido afectados por los terremotos, lo que convertía muchas de sus actividades al aire libre en peligrosas para los niños.

    En áreas afectadas donde muchos amigos habían sido separados y estudiantes trasladados a nuevas escuelas, los juegos y las actividades que ofrece el remolque Top Team (Los Mejores Equipos) les otorga oportunidades para aliviar el estrés generado, a la vez que les brinda una gran diversión. Desde el año 2012 al 2014, 36.343 participantes de 285 escuelas usaron el remolque y el equipamiento. Los estudiantes podrán disfrutar por muchos años más  del Remolque Top Team.

    “El personal de enseñanza reportó resultados inmediatos y hasta inesperados”, dijo David Gower, socio del Club Kiwanis Christchurch y representante del comité encargado de administrar los fondos de socorro en caso de terremotos. “Los niños que decidían ausentarse injustificadamente de la escuela y empezaban a tener problemas de inasistencia, de pronto quisieron volver a ir a la escuela".  — Karen Pyle Trent
  • El baile de Andalucía

    abr 10, 2015
    Los estudiantes de la clase de baile hacen una demostración de los pasos de flamenco durante una noche dedicada a la música y a la comida española.

    Los socios del club Kiwanis de Sambreville/Jemeppe Sur Sambre nunca fueron tímidos en su manera de recaudar fondos para apoyar el trabajo que hacen en la comunidad belga. En vez de elegir siempre la misma canción y el mismo baile, el club patrocina eventos elaborados y extravagantes diseñados para atraer la atención de los lugareños… y recaudar euros.

    Entre los espectáculos más recientes se encuentra la Gran Noche de Flamenco. Más de 150 personas llenaron el salón en una gala que se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Las entradas incluían cena, baile y premios a sortear. Aparte de la diversión y el jolgorio, el evento ayudó a que el club realzara su imagen y recaudara más de 3.000 euros, superando considerablemente el monto deseado.

    “Siempre buscando promocionar nuestro trabajo, tratamos de involucrarnos en muchas actividades para suplir aquellas que se van agotando”, comenta Marc Lievens, presidente del club. “Durante el año, tratamos de organizar grandes eventos dándoles un toque internacional".

    En los últimos años, por ejemplo, el club organizó eventos de fondue china, reuniones para la celebración de San Valentín y noches de cine. Asimismo, solíamos realizar un rally turístico por algunos de los lugares más hermosos de la región pero el mismo fue perdiendo popularidad en los últimos años.

    “Queríamos reemplazarlo con algo divertido”, dice Lievens. "Decidimos que estábamos listos para nuestro primer evento español, y una noche de flamenco parecía lo ideal, especialmente por el número considerable de escuelas de baile locales que estarían dispuestas a ayudarnos y a promocionarnos”.

    Los socios del club no sabían que esperar la noche del estreno.

    "Todos los socios del club estaban vestidos de gala con una copa de sangría en sus manos”, recuerda Lievens. “Ya se sentía un ambiente agradable aún antes de que el espectáculo empezara. Después de las tapas (aperitivos), los alumnos de la escuela local de baile flamenco comenzaron el espectáculo, haciendo vibrar el lugar un poquito más.  La música flamenca sonaba en  pleno apogeo mientras los bailarines danzaban al compás de la misma y todos observaban con los ojos bien abiertos".

    Los espectadores más entusiastas abrieron aún más los ojos, cuenta Lievens, cuando llegó la hora de las rifas.

    “Teníamos grandes premios”, añade Lievens, “desde cajas de champán y cenas románticas en restaurantes, hasta un lavavajillas. Cuando llegó la medianoche, algunas de las personas mayores –muy contentas por la velada pero listas también para volver a casa– partieron. Con la cena ya servida, nos pusimos a bailar”.

    Aunque la noche llena de diversión fue uno de los momentos que no olvidarán los socios ni los residentes, dice Lievens, la verdadera alegría llegó una semana más tarde durante una reunión del club. 

    “Tuvimos el placer", expresa Lieven, “de dar la bienvenida a los representantes de Valentine Camps, una organización que patrocina “campamentos de verano” para los niños pacientes de los departamentos de oncología y hematología del Cliniques Universitaires Saint Luc. Les entregamos un cheque para que envíen a cuatro niños a uno de los campamentos de verano en la montaña.

    “Esta es una gran historia y un éxito increíble. Estamos ansiosos por descubrir un nuevo país y ayudar a otros el año próximo”.  — Dick Isenhour
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