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  • ¡Hola Verano!

    feb. 11, 2016
    Una pequeña clienta disfruta de los panqueques en la fiesta de la playa.
    Una pequeña clienta disfruta de los panqueques en la fiesta de la playa.

    Con música resonando en el lago, la multitud celebra el comienzo del verano con la fiesta anual de la playa, organizada por Pewaukee Kiwanis. Un delicioso asado y bebidas frías están presentes en la fiesta. Durante dos días, los invitados toman sol mientras participan de actividades familiares como deportes acuáticos, caras pintadas, un desayuno de panqueques y, por supuesto, mucha comida, bebidas y baile.

    “Es un evento muy entretenido ... todos en la comunidad asisten al mismo", cuenta el socio kiwanis Robbin Lyons. “¡Es un evento informal y muy divertido!"

    La fiesta en la playa ha sido un evento de gran importamcia en Pewaukee desde 1994. En la agenda del año pasado se incluyeron: espectáculos de esquí acuáticos, una demostración de robótica realizada por un club, y entretenimientos en vivo desde las 19:00 horas hasta las 23:00 horas. Casi 40 patrocinadores se inscribieron para que sus nombres estuvieran presentes en “la mejor fiesta en la playa del condado de Waukesha”.

    “Mi parte favorita es caminar y ver a todos disfrutar después del gran esfuerzo realizado al organizar el evento", dice Pat Gallagher, socia kiwanis y directora del comité de eventos.

    En el año 2015, el club alcanzó un record en la participación de la comunidad, incluso con la entrada y el estacionamiento gratis, recaudó USD57.000. Las ganancias son donadas a varias instituciones de caridad locales, a un banco de alimentos, al fondo para la educación y a la biblioteca.

    “Trabajamos largas horas, pero cuando uno ve un record en el número de personas que asisten, hace que todo ese trabajo valga la pena", cuenta Gallagher. “Y es increíble ver el resultado del trabajo. Realizamos personalmente las donaciones con la entrega de un gran cheque, ¡lo que es una experiencia gratificante! — Danielle Karstens
  • De viejas bicicletas a nuevas

    ene. 12, 2016
    Das Geschenk eines Kindes an einen Kiwanier: ein Lächeln.

    Das Geschenk eines Kindes an einen Kiwanier: ein Lächeln.

    Cientos de niños y niñas que viven en el empobrecido pueblo de Río Caña, en Ecuador, corren con frenesí, ríen a carcajadas y se sonríen orgullosamente. Este comportamiento desenfrenado no es común en estos niños. Muchas veces, hasta los más pequeños deben abandonar la escuela para poder ayudar a sustentar a sus familias. Pero no hoy.

    Hoy no tienen preocupación alguna. Hoy es el día en que reciben un regalo: una bicicleta. A algunas personas, podría parecerles simplemente una bicicleta. Pero para estos niños, es un importante medio de transporte, así como también una oportunidad de la diversión que tanto necesitan.

    Lo que una vez fue una pila de cadenas, engranes y manubrios abandonados, ahora es una fuente de felicidad y oportunidad para los niños de Río Caña. Cuando los socios ecuatorianos kiwanis van al pueblo, ellos organizan una fiesta para los niños, durante la cual cada uno de ellos elige su bicicleta favorita.

    “Me gusta el hecho de que los socios transformaron viejos hierros en algo útil para que un grupo de niños los disfrute”, cuenta la socia Atenaida Macias de Espinoza del club Kiwanis Manta y gobernadora del Distrito en Formación de Ecuador.

    Hay una fila de brillantes y coloridas bicicletas apoyadas junto a un edificio. Al verlas los niños corren, ríen y sonríen. Estan ansiosos por encontrar la bicicleta perfecta para ellos. Una pequeñita con pelo rizado y con una camiseta roja elije la bicicleta rosa con flores. Con ganas se sube a la bici para probarla. Una vez que cada uno eligió una bicicleta, todos salen disparando por la calle de tierra, luego giran y vuelven pedaleando con energía hacia los kiwanis. El eco de sus risas los sigue en su andar y los seguirá por mucho tiempo más.   — Ariana Gainer
  • La travesía de Jester

    ene. 12, 2016
    Jester Jersey, el kiwanis oriundo de Davis (California), se toma un descanso durante la caminata que realiza por los Estados Unidos para recaudar fondos para el Proyecto Eliminar.

    Jester Jersey, el kiwanis oriundo de Davis (California), se toma un descanso durante la caminata que realiza por los Estados Unidos para recaudar fondos para el Proyecto Eliminar.

    ¿Caminaría 6.115,5 kilómetros?

    Hace dos años, Jester Jersey encontró por casualidad un libro que cambiaría su vida.
    “El largo camino a casa”, una autobiografía escrita por Matt Mattingly en 1990, en la cual el autor documenta la caminata que hizo por el país para conmemorar el 75º aniversario de Kiwanis. Jersey quedó tan impresionado con la historia de Mattingly que decidió planificar su propia caminata para celebrar el Centenario de Kiwanis en el año 2015. Él hizo de su caminata un evento para recaudar fondos para El Proyecto Eliminar: un esfuerzo en conjunto realizado por Kiwanis International y UNICEF para eliminar el tétanos materno y neonatal.

    Después de alistar los suministros necesarios y establecer la ruta de viaje, Jersey (un kiwanis de Davis, California) tomó un tren hacia la ciudad de Nueva York, donde comenzó  su travesía.  Ciento nueve días más tarde y con casi 6.115,5 kilómetros recorridos, un grupo de kiwanis le dio la bienvenida a Jersey en el Jardín de Té Japonés (Japanese Tea Garden) en San Francisco, California.

    ¿Qué poseía el joven de 29 años para someterse a los rigores de una caminata a través del país? Jersey no ofrece una explicación reveladora, simplemente dice: “Quería encontrar la manera de ayudar a la comunidad”.

    Modestia aparte, Jersey no tuvo ningún problema con los trayectos de larga distancias hechos a pie. A pesar de que dice haber sufrido picaduras de bichos y ampollas durante la travesía, Jersey minimizó la dificultad de la tarea.

    Recaudó más de USD2.000 durante la caminata y la cobertura de prensa lo ayudó a recaudar un neto adicional de USD1.500. — Matt Gonzales
  • Una historia sobre mí

    ene. 12, 2016
    Los pequeños lectores leen sobre sus propias aventuras en los libros personalizados que les entregan los kiwanis de Wyoming

    Los pequeños lectores leen sobre sus propias aventuras en los libros personalizados que les entregan los kiwanis de Wyoming.

    Dorothy Taylor, una socia del club Kiwanis de Worland, en Wyoming, recuerda el día que descubrió el libro I Like Me! (Estoy contento conmigo mismo). Se lo estaba leyendo a su bisnieta cuando se dio cuenta que la historia era especial.

    “Cuando comencé a leer la historia, me di cuenta que el libro era sobre ella”, dijo Taylor. “Tenía su nombre, el nombre de su escuela, de su maestra y de dos de sus amigas”.

    Un libro personalizado, que incluye el nombre del pequeño dueño y hasta puede incluir una o dos de sus experiencias, hace que la lectura sea atrayente para los pequeños lectores.  El libro I Like Me, por ejemplo está diseñado para infundir el amor a la lectura, fomentar una imagen positiva de uno mismo, de la escuela y del aprendizaje.

    Taylor pensó que los libros específicos serían un gran regalo para dar a los niños.  Ella averiguó primero cuántos niños estaban inscriptos en las escuelas elementales locales y los posibles costos, antes de presentarle el proyecto a su club Kiwanis. Por menos de USD1.000, el club compraría seis guías para maestras y libros personalizados para 94 estudiantes de primer grado de tres escuelas locales.

    Después de haber obtenido el permiso de los administradores de la escuela; las maestras y el personal de la escuela, ayudaron a recolectar la información de los estudiantes para personalizar los libros. Y en menos de un mes, Taylor y Steve Hunt, el presidente del club, hicieron su primera entrega.

    “Fue lo más increíble que he visto”, cuenta Taylor. “Una vez que recibieron los libros, era como una colmena llena de pequeños leyendo en voz alta”.

    El club planea continuar con la tradición que comenzó y entregarle los libros a la próxima clase de estudiantes de primer grado en Worland.  — Kimiko Martinez
  • El corazón puesto en los abandonados

    ene. 12, 2016
    El regalo de una niña al visitar a los kiwanis: su sonrisa.

    El regalo de una niña al visitar a los kiwanis: su sonrisa.

    En la nación del Himalaya de Nepal, las inundaciones, los deslaves, los incendios, las tormentas de granizo, la sequía, la hambruna y los terremotos pueden hacer que una familia deje de enfocarse rápidamente en sus derechos esenciales como son la educación, la salud y la alimentación para  tener que preocuparse por un simple estado de sobrevivencia.

    Por eso, los socios del club Kiwanis de Lumbini, en Nepal, han orientado su atención a los niños analfabetos, huérfanos y víctimas de desastres naturales. Al vivir en tiendas de campaña y a lo largo de la carretera, estos niños viven con un alto riesgo de abandono, maltrato infantil y desnutrición.

     Tiendas de campaña albergan a familias nepalíes en el Himalaya.
    Tiendas de campaña albergan a familias nepalíes en el Himalaya.
    “Ahora estamos auxiliando el área rural de Newalparasi que fue afectada por un terremoto", explica el presidente del club Deepak Bhandari. El pasado abril, el terremoto de 7,8 de magnitud mató a casi 9.000 personas, hirió a más de 22.000 y destruyó casi 900.000 viviendas.

    “Primero, unos pocos socios kiwanis y demás voluntarios visitaron el área afectada y la monitorearon”, dice Bhandari. “Después de compaginar la información decidimos donde serviríamos”.

    El club de Bhandari administra un centro de aprendizaje de computación en el distrito Nawalparasi de Nepal, donde les enseñan a los niños a leer y a usar la tecnología. Algunos de estos niños nunca habían visto ni habían escuchado hablar de computadoras hasta que llegaron al centro.

    El presidente Bhandari dice que el club se ha fijado una meta de comprar un terreno para construir un hogar de niños que les proporcione albergue, comida y educación a todos aquellos niños abandonados de la región.   — Ariana Gainer
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