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  • En llamas

    dic 17, 2013

    Gail Browne and two of her children pose outside her new home.

    A menos que se lo haya vivido, es difícil comprender la desesperación que siente una familia al perder su casa en un incendio. Pero Gail Browne si conoce ese sentimiento.

    En el 2011, esta madre soltera de seis niños, se quedó sin hogar cuando el fuego destruyó su casa. En los años siguientes, ella mantuvo unida a su familia, mudándose de casa en casa, según sus posibilidades.

    Browne y sus hijos ahora viven en una nueva casa que el Club Kiwanis de Barbados-Central construyó para ellos. Pero los recuerdos de esos difíciles días le ayudan a entender las dificultades que enfrentan las familias que han sido afectadas por una tragedia.

    "Cuando ocurrió el incendio, mi prioridad era proporcionar refugio y algo de seguridad para los niños, ya que ellos tienen distintas edades, algunos son pequeños y otros adolescentes”, dice Browne.

    “Pero una vez que acepté lo del incidente, comencé a preocuparme por la ropa, los útiles escolares y a quién recurrir por ayuda. “Luego me di cuenta que necesitaba ayuda psicológica debido al dolor y a la desesperanza que se apoderó de mí. Asimismo, los niños tuvieron que adaptarse a un cambio ya que tuvieron que compartir sus pertenencias, arreglárselas y lograr una cierta sensación de comodidad”. — Shanna Mooney

  • A surferar (de nuevo) en Nueva York

    dic 17, 2013

    A young surfer rides the waves during a Surf for All event.

    A veces, las fuerzas de la naturaleza pueden ser desapacibles; y por ello,  se necesitan generalmente las fuerzas de la amabilidad, para contrarrestarlas. Fuerzas como las del Club Kiwanis de Garden City, en Nueva York.

    Cuando el huracán Sandy acechó la costa este de los EE.UU., en octubre de 2012, se llevó consigo cerca de 300 vidas y causó destrozos de aproximadamente USD70 mil millones. En Long Beach (Nueva York), barrió con casi toda la organización Surf for All (Surf para todos).

    Fundada en el 2002 por Jim Mulvaney y  sus compañeros surfistas Cliff y Will Skudin, la organización Surf for All enseña a los adolescentes y a los adultos con discapacidades físicas y de desarrollo, a disfrutar del surfeo. Esta entidad sin fines de lucro utiliza equipos de surfeo especiales, adaptados a las necesidades  de cada participante. Sandy se llevó todo consigo.

    “Jim presentó un programa a nuestro club sobre el autismo”, explica Gloria Sena, ex presidenta del Club Kiwanis de Garden City, en Nueva York. “Él tiene un hijo autista adulto, y por ello creó Surf for All. Cada año, en el día de San Patricio, reconocemos a diferentes instituciones benéficas. Este año, donamos USD2.000 a Surf for All para que pudiera reemplazar el equipo de surfeo que perdió”. — Nicholas Drake


  • Ayudando a superar el sufrimiento emocional de los niños

    dic 17, 2013

    Patsy Hill helps Seasons North Shore children through an assignment.

    Patsy Hill es una ferviente defensora de los niños. Durante los últimos años, su club Kiwanis ha compartido su fervor por ayudar a los niños y a los adolescentes que  viven circunstancias traumáticas al estar de duelo, debido a la muerte o al divorcio de algún familiar.

    “Los niños que padecen este sufrimiento realmente necesitan de una persona que pueda caminar junto a ellos, que los escuche en los momentos en que creen no contar con nadie con quién hablar o en quién confiar”, dice Hill, una socia del Club Kiwanis Club de Takapuna, en Nueva Zelandia. “Cuando los niños inician el programa, generalmente están tristes, retraídos y hasta enojados. Es increíble como en tan poco tiempo, los niños entran en confianza y se dan cuenta que no son los únicos que están viviendo esa misma situación”.

    Hill comenzó su caminata con los niños al unirse al programa Seasons North Shore, al poco tiempo que el mismo se iniciara en el área de Auckland, en el 2003. La agencia apoya a los niños y a los adolescentes que experimentan la muerte de alguien cercano o la separación o el divorcio de sus padres.

    “Siempre me ha gustado trabajar con niños”, comenta Hill. “Al poco tiempo de haber escuchado sobre Seasons North Shore, me capacité como una de las primeras compañeras y sigo siendo una de ellas”.

    La defensora de los niños compartió historias de su trabajo con sus compañeros del club Kiwanis, quienes a su vez decidieron participar en el programa. El club los apoya de la siguiente manera:
    • Apoyando las solicitudes de organizaciones exitosas para obtener subsidios de la Fundación del Distrito de Nueva Zelandia-Pacífico Sur, por un total de casi NZ$10.000.
    • Donando más de NZ$10.000 en libros para el programa durante sus años formativos.
    • El trabajo de otros dos socios—Barrie Collette y el esposo de Pasty, Mike. — Dick Isenhour

  • Saitama comienza una nueva tradición

    nov 18, 2013
    Japanese children dancing

    En el animado centro de la ciudad de Saitama, en Japón, los transeúntes disfrutan solo por un día de una interrupción inesperada en su rutina diaria, con la presentación de una competencia coreográfica y dinámica, realizada por niños.

    Yosakoi Soran son festivales de baile, en los que se combinan los movimientos tradicionales japoneses con la música moderna. Generalmente, se llevan a cabo en eventos deportivos o escolares. Pero el club Kiwanis de Saitama decidió poner en escena la competencia para que los transeúntes pudieran observarla.

    “Esta fue la primera vez que realizamos un evento como este”, dice el socio del club Kiwanis, Nozomu Otokozawa. “Fue hermoso ver a los niños dar lo mejor de ellos, con el apoyo de los adultos. No necesito resaltar, que los más pequeños fueron realmente encantadores”.

    Yosakoi Soran es un tipo de música que combina el ritmo del área del oeste de Japón (Yosakoi de Kochi) y la del norte (Soran de Hokkaido) y se caracteriza por estar acompañada por el compás de las castañuelas Naruko.

    Los participantes del festival de Kiwanis provienen de guarderías infantiles, instituciones para el cuidado infantil, escuelas primarias y equipos Yosakoi Soran. Debido a que representan diferentes grupos de edades, los Kiwanis no juzgaron a los niños como en una competencia, sino que si les entregaron premios a todos los participantes. Sin embargo, estos no eran premios al primer y segundo lugar; sino, que los Kiwanis prefirieron reconocerlos según las siguientes categorías: Reconocimiento por la Vitalidad, Reconocimiento por el Trabajo Arduo, Reconocimiento por el Entusiasmo, Reconocimiento por la Flexibilidad, Reconocimiento por la Destreza y Reconocimiento por el Trabajo en Equipo. Asimismo, los patrocinadores brindaron colaciones, linternas, papel de cartas y toallas como premios. — Jack Brockley

    ¿Tiene una historia Kiwanis para compartir? Envíela a: shareyourstory@kiwanis.org para su consideración.

    ¿Su club Kiwanis organiza festivales? Cuéntenos sobre su experiencia en la sección de comentarios que se incluye aquí.

  • Realizando un paseo turístico creativo con la ayuda de Kiwanis

    nov 18, 2013
    A Flat Stanley looks out over Pittsburg
    Bien es sabido que San Agustín dijo: “El mundo es un libro y aquellos que no viajan, solo  leen una página”. Un club Kiwanis de Pennsylvania ayudó a un maestro a descubrir una nueva y creativa manera de enseñar geografía, aplicando esas famosas palabras, al pie de la letra.

    El club Kiwanis Sheraden en Pittsburg (Pennsylvania), encontró una manera fácil de dibujar sonrisas en el rostro de los niños de una escuela elemental en Charlotte (Carolina del Norte), gracias a la imaginación del hijo de dos socios, Brandon Whitfield, quien enseña en ella.

     “Brandon quería que sus estudiantes participaran y experimentaran la vida fuera de Charlotte, pero se preocupaba de que debido al alto nivel de pobreza de sus estudiantes, el ciento por ciento  de participación de los alumnos, no iba a ser posible”, explica la ex presidente del club Debbie Whitfield.

    El libro infantil “Flat Stanley”, escrito en 1964, narra cómo un niño llamado Stanley Lampchop  queda aplastado accidentalmente,  cuando un cartel de folletos que cuelga sobre su cama, le cae encima mientras él duerme. Inspirados en este libro, los socios del club Kiwanis ayudaron a Brandon a que los estudiantes realizaran paseos turísticos imaginarios por otra ciudad, con tan solo doblar por la mitad a las “personitas aplastadas” que crearon los alumnos con folletos, y que luego pusieron en un sobre para enviarlas por correspondencia a diferentes amigos.

    El libro servía para enseñar matemáticas, geografía y comprensión  lectora. Pero, después la lección tomó vida propia cuando Brandon, quien se había mudado del estado de Pennsylvania a Carolina del Norte, le dio a su clase un escenario simple. “Extrañaba mi hogar, y quería que conocieran a mi familia y a mis amigos”, dice Brandon.

    Los estudiantes crearon una “persona aplastada” sobre la cartulina, dibujando una imagen de ellos para conocer por este medio el estado de Pensilvania. Antes de que sus figuritas comenzaran su travesía, los estudiantes localizaron Pittsburg en el mapa y comentaron sobre cómo ellos creían que era la ciudad. Cuando las cartas de presentación de los estudiantes y las figuritas de “personas aplastadas” llegaron a destino, los socios del club Sheraden, recorrieron la ciudad de Pittsburgh con las figuritas durante dos semanas.

    El club adoptó con entusiasmo el proyecto. “Mi aplastado Elijah fue a trabajar conmigo a la Universidad de Pittsburgh donde también le lavaron los dientes en la Facultad de Odontología, fue al museo de los niños, montó en el funicular (the Incline), se deslizó por la pendiente en trineo con mis nietos y hasta conoció al alcalde de Pittsburgh”, cuenta Debbie Whitfield. “Los socios juntaron álbumes de recorte, cartas y pequeños presentes. Uno de ellos fue hasta la chocolatería Hershey a comprar chocolates para luego enviarles bolsitas de chocolatitos Hershey (a los niños de Charlotte)”.

    “¡Los estudiantes quedaron encantados, y fue increíble verlos sonreír cuando recibieron sus cartas!”, reflexiona Brandon Whitfield.

    Esta experiencia dejó muchas enseñanzas a estos estudiantes, pero los Kiwanis también se beneficiaron. “Creo que este proyecto fue increíble para todos”, dice Debbie Whitfield. “Creo que el proyecto le brindó a los niños una percepción diferente de las áreas fuera de su comunidad, y a la vez, ¡nos dio a nosotros la oportunidad de ver nuestra vida a través de los ojos de un niño! El único límite de lo que usted puede hacer es su propia imaginación”.  — Courtney Meyer

    ¿Tiene una historia Kiwanis para compartir? Envíela a: shareyourstory@kiwanis.org para su consideración.

    ¿Su club tiene algún proyecto que utilice para educar a los niños? Cuéntenos  acerca del mismo, en la sección de comentarios que se incluye aquí.

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